ALMAS BLANCAS

image (4)Hay días en que las ideas fluyen solas, y necesitas imperiosamente escribirlas en algún sitio, deprisa, para que esa genial idea que te ha rondado la mente pase al papel como una milimétrica copia de lo que exactamente pensaste. Dicen que a eso se le llama inspiración. Hoy me ha pasado algo parecido, y necesito escribir mi segundo cuadro, rápido, ya, antes de que se me vayan las palabras que se agolpan en mi retina. Quiero coger lienzo, pinceles, colores y caballete, y escribiros un dibujo que condense lo que veo y lo que siento.  Y no es fácil. Me encanta como escribe Yoyo, mi mujer. Siempre le digo que está desaprovechada porque no se prodiga mucho en esta faceta, pero me gusta porque de una manera sencilla consigue transformar el hecho de escribir en el arte de describir, algo que admiro pues refleja de forma limpia y cristalina lo que está pasando por su mente, y cuando leo lo que escribe siento al mismo tiempo olores, sabores, colores, texturas y sentimientos. Y de golpe. Hoy quiero imitarla y por eso, sin que se de cuenta, le he cogido sus pinceles, a ver si me ayudan a escribir con trazos claros y fugaces el cuadro que os quiero regalar. Porque quiero contar a la vez lo que ha pasado y lo que he sentido, y una cosa es narrar y la otra expresar, sentir. Vamos allá……

Hace casi un mes, y gracias al empeño y persistencia de Yoyo, la que más, y de mi hermano, que tampoco le fue a la zaga, en una tarde de Viernes, después de una comida en casa de mis padres, me cogieron por banda y al cabo de unas horas ya tenía sacadas las papeletas de sitio para mi hijo y para mi, para el Domingo de Ramos. A los dos días venía la costurera a tomarnos medidas para hacernos la túnicas, a la semana ya había comprado los guantes y demás avíos, y hace poco recogíamos los capirotes. Dice mi madre que las vísperas hay que disfrutarlas. Y así ha sido, pues hemos ido viviendo en casa y en familia todos estos prolegómenos con la ilusión de las vísperas. Y lo que hace un mes para mí y mi familia no estaba ni en nuestras mentes, ha pasado a convertirse, de la noche a la mañana, en el norte de mi vida: salir junto a la Virgen de la Paz, el Domingo de Ramos, con mi hijo Armando, mi hermano Luis (padrino de mi hijo), y mis sobrinas Belén y Marta (mi ahijada, la primera; la de Yoyo, la segunda). Una inesperada ilusión ha inundado a mi casa y a mi familia en todos estos días, y ya nunca se irá.

Ayer salí de nazareno en La Paz, después de veintitantos años sin hacerlo. Dije en su dia que cuando mi hijo saliera, yo volvería a salir de nuevo, y allí estábamos los dos ayer. A las 8:30 de la mañana todos nos levantamos en casa, con la emoción y la alegría de un día grande, a nadie le importaba el madrugón. El desayuno, como el que va a la guerra, los bocadillos, el olor a filete empanado, los nervios, la ropa preparada, los mensajes con mi hermano, los mismos preparativos en su casa (iguales pero con torrijas), las estampitas, las medallitas, los caramelos, las papeletas de sitio, las túnicas colgadas, los cíngulos, la varita, los antifaces con los capirotes dentro. Y el ritual de vestirnos e irnos preparando, hasta vernos de blanco. Como los toreros. 

Ayer, a las 11 de la mañana, venía mi hermano a recogernos, junto a sus hijas, todo un cortejo, y ayer, a las 11 de la mañana, dos medallas se juntaron, una brillante y con colores vivos; otra gastada y descolorida. Mi hijo y yo salíamos de casa para hacer la estación de penitencia con nuestra Virgen de La Paz, ante quien nos hemos bautizado. Confieso que estaba nervioso, y a la vez emocionado. Sólo acerté a decirle que iba a vivir una experiencia única, que la disfrutase, y que cuando estuviéramos ya dentro de la Iglesia, con los capirotes puestos y a punto de salir en procesión, que rezara a la Virgen, que empezara por dar las gracias y que después pidiera por todos, y por lo que él quisiera. Y ya no pude seguir. Yoyo y Martina nos despidieron, seguro que también con la misma ilusión y emoción de quienes se sienten y son parte de esa experiencia.     

Llegar al Porvenir, nuestro barrio, a casa de mis padres, para despedirnos y que nos vieran por primera vez juntos a los dos hermanos junto a sus hijos (menos Martina, que todavía es pequeña) fue algo especial para mí, sin duda. La última vez que salí de nazareno lo había hecho desde allí, estaba soltero y mi madre se encargó de prepararme todo, no había ni terminado la carrera. Ahora culminaba allí el rito de ponerme el capirote. Pero en este tiempo han pasado muchas cosas, acabé la carrera, me casé, tengo una familia y ha sido en nuestro hogar donde se han hecho esta vez los preparativos, ya no sólo de mí, sino de mi hijo. Mi pincel se detiene aquí para trazar un trazo grueso y profundo: quiero ensalzar la figura de las madres en un dia tan señalado. Mi madre, porque ha visto el ritual antes narrado desde que éramos pequeños, y ahora lo revive, y además ya como abuela. Y mi mujer, porque como madre ha vivido como nadie la salida de su hijo y como esposa vive también la mía. Es la línea de la vida.

Ayer, a las 12 de la mañana, llegamos a la Iglesia de San Sebastián, por el barrio, por el camino más corto, como mandan los cánones. Un Domingo de Ramos en El Porvenir es un día especial, el barrio brilla y deslumbra de día, el verde de los árboles contrasta con el blanco de las casas y el azul del cielo, y en medio, los dorados del paso del Cristo y los platas del de la Virgen, y blanco, mucho blanco, de capas, de túnicas y de capirotes. Es una imagen que da igual el año que sea, para mí es la misma desde que tengo uso de razón, hasta por la noche en que esos colores se tornan más pasteles, pero siguen resaltando en esas calles que desprenden el aroma de las largas tardes de verano, cuando parece que el sol nunca se pone.

Merece la pena ver los jardines de la Iglesia ese día, nervios, los últimos pitillos antes de la salida, los móviles hirviendo captando instantes únicos, algunos con el pin en la oreja escuchando el derby, caras de alegría, ojos de esperanza, todos iguales, todos de blanco, curas confesando a los Hermanos de pie, sobre el albero del jardín, costaleros ultimando costales, revuelo de capas, saludos de Hermanos que se ven de año en año y se saludan como si se vieran todos los días. En mi caso, saludos de hace veintitantos años, pero como si fueran de ayer. Y cariñosas caricias a mi hijo, felicitaciones por ser su primera estación de penitencia, alegría de recibir un nuevo Hermano. Y ese costalero mayor, de lo antiguos, que lo mira y le dice: “ole mi niño, gracias a los que son como tú la Hermandad nunca desparecerá, sois el futuro”. En un momento pasaron por delante de mí veintitantos años, saludos a los de siempre, a Manolo Recio, a Angel Jiménez (culpable de que estemos ahí), a Santi Arenado, a los hermanos Ramos, a Pepito Herrasti, a su hermano Eusebio, todos ya en el tramo 9, los más antiguos, veo a Luis Castillejo a lo lejos, dejando a su hija (desertor, vuelve, yo lo he hecho), y de pronto recuerdo a Paco Flores, Paquito, siempre pegado a su Habanos antes de ponerse el capirote, y a otros tantos que se fueron, y no puedo evitar acordarme de los que disfrutaban tanto ese día y que ya no están, mis abuelos. Es como si el tiempo no pasara, pero ahora estoy aquí con mi hijo.   

Ayer, faltando poco para las 2 de la tarde, los cuerpos se tensaron, nos pusimos el capirote y los guantes, nos ajustamos el antifaz, atravesamos la Iglesia y pasamos por delante de la Virgen, escuchando al párroco rezar. Y rezando todos los Hermanos en silencio, toqué la mano de mi hijo, y las dos medallas que se juntaron a las 11 de la mañana iniciaron su Estación de Penitencia.

Ayer, en el Parque de María Luisa, una madre vió por primera vez a su hijo en procesión, junto a su padre, delante de la Virgen de la Paz, y seguro que la primera palabra ni le salió, pues su cara lo decía todo. Bastaba mirarla para ver el amor que transmitía. A su lado había otra carita, de quien empieza a saber lo que es para nuestra familia La Paz, y que en su interior ya quiere participar (ya falta menos, Martina, para que te unas al cortejo).

Ayer, cuando más calor hacía, pasado el Arco del Postigo, de pronto noté cómo en la calle todo el mundo, pese a estar cómodamente vestido y con cerveza o refresco en mano, sudaba la gota gorda. Y de repente noté que yo no tenía tanto calor, ni tanta sed, ni hambre. Y que me encontraba en un estado especial, oliendo la tela del antifaz (todo el que sale de nazareno sabe de lo que estoy hablando), mezclado con ese olor a dulce y a incienso que inunda la calle. Y me noté escuchando sólo mi respiración contra la tela, y los latidos de mi corazón. Y entonces me di cuenta que en una procesión hay dos mundos, que la túnica no es sólo un traje, que te vistes en casa y vas notando algo, algo que se empieza a interponer entre el mundo y tu, y que fue en ese momento cuando tuve la sensación de que cuando te pones el capirote, dejas dentro de ti sólo el alma, y todo lo físico queda fuera.

A medida que avanzas los mundos se van separando. Por eso dentro no hay calor, ni hay sed, ni hay cansancio, dentro sólo hay alma. Somos ojos sin cara, somos almas sin cuerpo. Somos simplemente Almas Blancas, miles de Almas Blancas que acompañan a su Señor y a su Madre, dando sentido a su sacrificio, y almas que buscan su consuelo y el de los demás, y para las que no hay sed, ¿Cómo puedo tener sed si a diario recibimos el agua de la vida?; y no hay hambre, ¿Cómo tener hambre cuando medio mundo se muere de hambre mientras el otro medio se muere de colesterol?; ni cansancio, sino fe y esperanza, de las que tanto el mundo necesita.

Y es entonces cuando miras a tu hijo y empiezas a hablar con él sólo con los ojos, con esos ojos sin cara que no necesitan más que mirarse para decirse algo, porque no hablan los ojos, sino las Almas Blancas.

Ayer, a partir de ese momento tan especial, mi alma caminó sola, sin cansancio, sin sed, sin hambre, sin quejarse de nada, sino feliz y alegre por saber que dentro del capirote hay una fuerza que nos hace ver que no hay nada imposible, y que la fe y la esperanza nos guiarán, y que en los momentos de flaqueza hay que agarrarse a ellas y, si hace falta, volverse a poner el capirote.   

Ayer, cuando la Virgen entró en el Templo y se cerraron las puertas, las dos medallas que se habían juntado a las 11 de la mañana, seguían juntas y cogidas de mi mano. Allí, en el silencio de nuestra Iglesia, sólo había Almas Blancas. 

 

6 pensamientos en “ALMAS BLANCAS

  1. ¡Que bueno! Pero lo mejor es que te has reincorporado a sentir algo que a mi me costaba explicarte estos años, desde que me dejaste como Gregory Peck, en “solo ante el peligro” pero sin peligro.

    Los ultimos años con Belencita, te mandaba whatsapp a ver si te picabas. Y es verdad que ese viernes de Marzo, me senti como si te estuviera atracando, cuando te diste cuenta tenias la papeleta de sitio en el movil, jeje.

    Sin duda “Almas Blancas” es un post pintado con mucha verdad y escrito en esas horas en las que da tiempo a pensar de todo. Como ya te dije, para mi, de hacer algunas de esas cosas solo, a hacerlo los 5 juntos, es la señal de que la tradición continúa y así de escribe la historia, la de nuestra vida.

    Solo pido a Dios que podamos pintar muchos mas cuadros como este, en otros Domingos de Ramos, con Belen, Yoyo, Martina y siempre poniéndonos la capa en el salon de Papa y Mama.

    Un beso.
    P.d. Sabes que no suelo emocionarmo, pero casi lo consigues.

  2. Solo quienes vestimos la tunica de nazareno acompañado de nuestros hijos ,sabemos perfectamente todo lo que Armando ha querido trasmitirnos con este escrito tan intimo y delicado.A leerlo he tenido la sensacion de Rafael Montesinos que nos decia aquello de “hoy la memoria ha cogido el camino mas corto para herirme…..”.Enhorabuena querido amigo y un beso para Armandito .
    PD.: (Para Luis),el protagonista de ” Solo ante el Peligro” es Gary Cooper……Otro gran abrazo

  3. Gracias Juan Maria por la aclaración, mira que he visto veces la pelicula …y me equivoco en el protagonista, es verdad es Gary Cooper no Gregory Peck, pero entre la emoción y que los dos empiezan por G… De gazapo

    Gracias

  4. Querido Armando, una vez más, mi más sincera enhorabuena. Tus sentimientos se vuelcan en el texto como se vuelca una espuerta repleta de verdes aceitunas, de golpe, ordenada y concienzudamente. A medida que publicas entradas, además, creo que tu escritura gana en oficio y talento, bien trabajado, bien molido, bien refinado, y el resultado es un aceite puro, virgen extra con más amor que acidez… Mi más sincera enhorabuena. Las almas blancas siempre andan ahí, bien juntas, unidas y acompañadas. El Domingo de Ramos procesionan y sufren juntas, culminando una sinfín de entrañables tradiciones que, si Dios quiere, seguirán de generación en generación…
    Enhorabuena por tener la vocación de transmitir tradiciones (a tus hijos) y sentimientos (en tu blog).
    Me guardo la frase de Juan María. Es genial.
    Un beso.

  5. Hola darling! El que tu cojas mis pinceles es todo un honor para mi, por ser tú quien lo hagas.
    El ser persistentes nos ha servido para disfrutar de un día tan importante como el Domingo de Ramos. Verdaderamente nos inundó la emoción y la alegría, no había más que ver nuestros rostros. También hubo nervios por salir al encuentro y abasteceros, y preguntaros si estábais cansados o teníais calor. Disfruté mucho el momento de llegada a la Universidad. Había una luz preciosa, la temperatura ya agradable, y deseosa de veros salir tras ese descansito.
    Me encanta que sembremos las tradiciones en nuestros hijos porque así lo hicieron nuestros padres con nosotros. Son experiencias y vivencias que nos marcarán y nos recordarán un tiempo pasado, disfrutado y felicísimo. Yo ahora lo vivo así, recordando cómo lo hicieron mis padres conmigo.
    Gracias por haberlo contado tan bonito y por haberlo compartido.

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