50

ROCIO 2010 034-2 Hoy es un gran día para mí. Ya sabéis que suelo escribir mi entrada del blog los días 13 de cada mes, pero a veces algún acontecimiento me desborda y es entonces cuando la fecha manda sobre mis deseos. Hoy la fecha manda por dos motivos: hoy es Domingo de Pentecostés y hoy cumplo 50 años. Dudo que el destino vuelva a hacer coincidir mi cumpleaños con el dia grande de la Romeria del Rocio, pero hoy Alguien ha querido que se de esa grata coincidencia.

Pensé hace tiempo en hacer un cuadro de mí, un autorretrato, con motivo de mi 50 cumpleaños, pero he pensado que será mejor dejarlo para cuando publique mi libro, quizás un epílogo, o un prólogo, en fin, un autorretrato, o mejor un selfie, para añadir a mi exposición de cuadros escritos.

La verdad, queridos amigos, es que hoy estoy muy feliz y contento, y alegre. Siempre pensaba que cumplir los 50 sería algo melancólico, un pesada carga, sentirte ya un pureta, cada vez más canas……Sin embargo, me he levantado feliz, lleno de alegria y, sobre todo, AGRADECIDO A LA VIDA. Anoche salí a cenar con Yoyo, cenita romántica, y cuando se abrió la puerta del reservado, me encontré a toda mi familia allí, cantándome el “cumpleaños feliz”, con Armandito al frente (fue la primera cara que vi), Martina (con su traje coral, preciosa), mis padres, mi hermano Luis y Belen, mis sobrinas Belen y Marta, y mi sobrino Carlos, todos ellos hábilmente dirigidos por Yoyo, maestra de ceremonias y experta en maquinar sorpresas como nadie. ¿Se puede empezar mejor un cumpleaños?

Esta mañana, saboreando el primer café, he echado la vista atrás y en un minuto he visto pasar mis 50 años de vida y, joder, cuánto recorrido, cuánto vivido, y qué suerte, parece mentira todo lo que he hecho y todo lo que me ha pasado en 50 años. No quiero caer en los tópicos de enumerar cada una de las cosas que han formado parte de mi vida y que en cada biografia se pueden destacar, pues están en la mente de todos, y ya son y serán parte de este blog, pues en definitiva ya sabéis que yo aquí escribo, además de lo que me da la gana, de lo que de verdad me importa.

Creo que bastan unas simples palabras para definir mi vida y las gracias que tengo que dar todos los días, palabras que, más allá de nombres propios cronológicamente ordenados, son como adjetivos, pues cada una define tanto……mis padres, papá y mamá; mis abuelos; mi hermano Luis; mi tía Coty (ella representa a todos mis tíos); el colegio Claret; la comunión; la selectividad y el mundial de futbol de España; la facultad de Derecho y la carrera; mi novia, Yoyo, y el primer beso; mis amigos, mi panda; los veranos, todos mis veranos, desde Algar a Sotogrande, pasando por Conil y Valdelagrana, y los de Inglaterra; mi licenciatura en derecho; la mili; mi jura como abogado; la abogacía, mi profesión, mis inicios, mi maestro Manolo SA, mi primer cliente; los sobrinos; mi boda con Yoyo; nuestra casa; nuestros viajes juntos Yoyo y yo, qué recuerdos; mi propio despacho, mis pasantes; nuestro primer hijo, Armandito; la Paz, la vuelta a la Paz; y nuestra hija Martina, la pequeña; los que se fueron y nos dejaron; ver a mis suegros y a mis padres celebrar sus bodas de oro, un hito en sus vidas y en las nuestras; el viaje a Londres toda la familia; y la comunión de Armandito….. y, hoy, mis 50 años.

Cuánto camino, cuántas etapas, cuánto ya hecho, cuánto disfrutado y cuánto vivido. Solo puedo decir como la canción: gracias a la vida, que me ha dado tanto. Y gracias a todos los que estáis siempre ahí, siempre, incondicionales, no me olvido de ni uno, os tengo en mi oraciones.

Y en todo lo vivido en estos años, hay algo que, coincidiendo con la fecha de hoy, me ha impactado y me ha marcado, y que realmente es el motivo de esta entrada del blog, pues las coincidencias no son caprichosas, ni mucho menos. Se trata de mi encuentro con la Virgen del Rocío, que os quiero contar.

Siempre sentí cierto rechazo por El Rocio, la romería y todo lo que acarreaba, incluso fui nada mas acabar COU, con 18 recién cumplidos, con mi amigo Manolo RO. Fuimos a pasar un dia y volvimos al cuarto; con la misma ropa, y sin móvil (¿te acuerdas Manolo cómo dormíamos en la ermita, como nos colábamos en las hermandades a mendigar al amanecer una copa de aguardiente que nos hiciera entrar en calor, la larga cola de la cabina para llamar a casa y decir que si habíamos perdido el autobús, que si el padre de una amiga no encontraba el coche, que si estábamos bien, que si llama a Carmen y dile que Manolo esta bien?) Conocía todo aquello pero ni me atraía, ni me enganchaba, ni comprendía a los fanáticos, ni a quienes año tras año peregrinaban. Y en esa apatía rociera andaba cuando, a través de unos buenos amigos, de una buena familia de Huelva, y de una italiana más andaluza que nadie, almonteña de corazón, y enganchada a esto por un Rociero al que no conocí de verdad, pues se nos fue, pero que la tuvo que enseñar muy bien, a la vista de lo bien que ella ha aprendido y como nos lo ha transmitido…..pues fue a partir de ahí que me vi metido de lleno en mi primer Rocío, en el año 2.009.

Fuimos con una estupenda panda, gente de verdad, familia, y la italiana, sí, la italiana, se encargaba de orientarnos y enseñarnos las tradiciones de la romería y de la casa a la que íbamos (ay, esa calle Lince…), porque íbamos, como se dice coloquialmente, con todos los avíos. Y éramos novatos en toda su dimensión. La vida es tan grandiosa que te da la oportunidad de ser novato a cualquier edad, y a mí me gusta ser novato, es como volver a ser niño, empezar a conocer. Con ese espíritu llegamos Yoyo y yo a la aldea, y a partir de ahí sólo puedo contaros buenas experiencias, momentos inolvidables, risas, y una alegre y sincera convivencia con buena gente. Yo, en ese estreno de novato, trataba de escudriñar, de hurgar, de buscar a tientas y en la oscuridad, esos gestos, detalles o pellizcos en el alma de los que me hablaba Francesca cuando nos contaba lo que para ella era El Rocio. Ella nos los contaba con su acento italiano, mezclado con andaluz. Los hijos del Rociero que la enseñó nos los cantaban.

Todos los días nuestra primera visita era a la ermita, y desde ahí al camino, al campo, a las arenas. Mi primer encuentro rociero con la Virgen fue bonito, aunque yo me veía como de estreno, ya “como un rociero”, con mi sombrero, mi medalla de Huelva, mi camisa blanca. Miraba de reojo a mis compañeros, y veía emoción en sus caras. Eran veteranos, pensaba. Miraba al resto de gente en la ermita, y aquello impresionaba, allí había algo. Y así fueron transcurriendo lentamente los días y las noches, y tengo que deciros que, sin darme cuenta,  empezaron a sucederse momentos especiales, instantes, que empezaron a calarme y que, cuando los recuerdo, más me calan, como una lluvia fina. No puedo describirlos porque en realidad hay que vivirlos, son como momentos que de repente se te quedan en tu disco duro y ya no se van, son olores, un sonido, una nota musical, un color, un pellizco, un calor. Tengo siempre en mi memoria como, en medio de un momento de calor, cuando empezaba a caer la tarde con el sol aún apretando, una brisa fresca nos inundaba, no se si venía de los pinares, de la marisma, no lo se, pero era una brisa que te refrescaba, te daba fuerzas y te traía una mezcla de olores que hacia que cambiasen los sonidos, que se escuchara más el trotar de los mulos, siempre mezclado con una guitarra y unas voces que, una y otra vez, cantaban a la Virgen. Y luego, ya en la casa, en medio de alguna rumba o algún momento de desenfado, o de baile a tope, o de cante y cante, siempre un cambio de ritmo y alguna bonita historia a la guitarra de quien vino a la aldea porque sólo quería ver a una mujer, solo a una, a Ella. Detrás de cada sevillana, rumba, fandango o soleá del Rocio hay siempre una historia de acercamiento a la Virgen, de fe, de esperanza.

Esa mezcla de sensaciones iba sedimentando en mi. En mis sucesivas visitas a la ermita empezaban a aflorar en mi nuevos sentimientos, incluso me veía hablándole a la Virgen de otra forma, contándole cosas, a veces me pasaba pidiendo y yo le decía, ¿pero para qué tanto pedir, si tu sabes lo que todos los que estamos aquí necesitamos? Y llegó el día, mejor dicho la madrugada, ese lunes de Pentecostés en el que, antes al alba, ahora de noche, los almonteños sacan en procesión a su Señora, por la aldea del Rocío. Desde la tarde noche del Domingo ya se nota un cambio de ritmo en todo, la gente se prepara para lo que ha ido y ese pellizco interior trasciende, y se nota en el ambiente.

A las 6 de la mañana nos levantamos y salimos al encuentro de la Virgen. Aproximarse y verla es darse cuenta la de gente que la implora, de cómo la miran, de cómo con los ojos le piden y le piden, y de cómo la sienten. Y es de verdad. Es una procesión sin música, sin orden, sin medida ni medidas, sin tiempo, es solo la Virgen en medio de la gente. A medida que te acercas el fervor, los sentimientos, la bulla, los estrujones, la humedad que sale del suelo, el sudor, los cuerpos enloquecidos de los almonteños que la llevan, la tocan y no dejan que nadie la toque, cuerpos empapados, ojos ensangretandos de lágrimas, sólo se oye como si una manada fuera a tu encuentro, y cuando llegas casi al lado, ya estábamos a metro y medio, solo hay un sentimiento general, tocarla y tocarla, y la verdad es que entonces sentí pánico, me faltaba el aire, no había oxígeno, no hacia calor pero sudaba, miraba a los que me rodeaban y era como un éxtasis de locura, no podía ni dar un paso atrás, algunos se abrían paso a empujones, ya de vuelta, solo lloraban, la habían tocado. La Virgen se alejó un poco de mí y la manada dejó de rugir por un instante, pude recuperar la respiración y algo de oxígeno entró en mi cuerpo, estaba empapado, exhausto. Y de repente, en medio de esa inmensa bulla de gente, una brisa agradable me acarició, no se ni de donde podía venir, aunque al buscar con la mirada sólo pude ver enfrente a una persona, a la Pastora, a la que todos querían tocar. Entonces vinieron a mi mente esas brisas de las que antes os hablé, esas brisas del atardecer en el camino, esas brisas que desde entonces me acarician de vez en cuando, siempre cuando lo necesito, y supe, en ese momento supe, que la Virgen me había tocado, y que esa brisa era la Virgen del Rocío que me acariciaba. Y me dije, en silencio: yo no he tocao a la Virgen, pero Ella me ha tocao a mi. A la vuelta a Sevilla compuse unas letrillas, del tirón, que he guardado en mi mente y luego en mi moleskine roja, letrillas que en su dia ofrecí y sigo ofreciendo a un amigo, Lalo G de la M, que canta y toca, o que toca y canta, para que les ponga música. Hoy ha llegado el dia de regalarlas, de ofrecerlas a todos y a esa Virgen que esta noche saldrá por la aldea. Me hubiera gustado estar allí hoy, el dia de mi cumpleaños, pero en realidad estoy, y seguro que esta tarde la brisa nos acariciará, y podremos decir que Ella nos ha tocao. Ahí las teneis, es mi regalo de cumpleaños a todos vosotros:

“Yo no he tocao a la Virgen”

Yo no he tocao a la Virgen, Pero Ella me ha tocao a mi

Cuando me llega la brisa, Es Ella la que me abraza. Cuando me mira me aprieta, Y con su manto me tapa

Yo no he tocao a la Virgen, Pero Ella me ha tocao a mi

Mi camino empieza hoy, Cuando me voy del Rocio

El camino no es andar, Ni acordarte tres días antes. Un camino es una vida, Y una vida es un camino

Es creer y pelear, Y luchar, luchar, luchar; Perder y a veces ganar, Por lo que vale la pena

Y es ser persona de Fe, De llevar cabeza alta, De nunca mirar atrás, Y levantar tras caer

Un camino dura un año, Y una vida son caminos; Romerías, largas noches; Dias de frío, de vendaval; Y al final, el sol, la sal; La amistad y la lealtad

Todos tenemos camino, Debemos hacer camino; Y no estando, sino siendo, Todo el año peregrino 

Hoy, 8 de Junio de 2014, es Domingo de Pentecostés, y hoy cumplo 50 años. Esta noche, al acostaros, dejad vuestras ventanas abiertas, como el que espera a los Reyes Magos. Cuando caiga la noche, una leve brisa empezará a desperezarse desde las marismas de un aldea de Almonte y os acariciará. No os perdáis ese momento ni olvidéis nunca esa caricia, esperadla siempre. Y sentirla. 

Un pensamiento en “50

  1. Esta vez me adelanto yo a todos, sólo para deciros que MUCHAS GRACIAS, gracias por llamarme, por acordaros ayer de mi, por rezar por mi, por escribirme y felicitarme, y por alegraros conmigo de que ayer era mi cumpleaños. Gracias, de verdad, y de corazón.

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