UNA TARDE CON MI HIJA

image (6)  Esta tarde he sido muy feliz. Inmensamente feliz. Y lo cuento cuando todavía no ha acabado la tarde, para transmitiros mis sensaciones actuales y dejar grabados fielmente mis sentimientos presentes. Esta es una entrada del blog narrada en directo, en riguroso directo, pues a veces es mejor contar un momento de tu vida, tal como sucede, que muchas reflexiones a posteriori, fruto del aliño del tiempo. Hoy os estoy contando un momento de mi vida inmensamente feliz, para guardarlo en un tarro.

Mi hija Martina y yo hemos estado solos, los dos juntos, desde el mediodía. Nos hemos ido a comer juntos al restaurante que ella quería.  Martina tiene seis años. Ella me ha untado unas tostaditas de paté mientras que llegaba la comida, como si fuera una persona mayor. Luego, de postre, se ha zampado dos chupitos de manzana sin alcohol, pedidos con gracia al camarero. Y a continuación me ha dicho: ¡Papi, pide la cuenta y vámonos para casa! Al llegar me he acomodado, dispuesto a ver alguna película de Sábado tarde, de esas que te ayudan a dormir. Acababa de empezar una que ya he visto muchas veces, pero que no por ello deja de sorprenderme: “A propósito de Henry”, de Harrison Ford. Martina jugaba tranquilamente en otra habitación y la tarde, encapotada, ya me estaba invitando sin excusas a disfrutar de un rico sueño.

Le acababan de dar el tiro a Henry en la cabeza cuando, de pronto, irrumpió Martina en el salón, con la cara y sus ojos iluminados, como nunca los he visto, y esas pestañas enormes que tiene, brillando como nunca. Me traía algo en su pequeña mano, y casi sin poder articular palabra, por su estado de alegría, abrió su manita y me enseñó su contenido: era un diente. El primer diente que se le cae, ese diente por cuya caída viene suspirando desde antes que le salieran los dientes. Su cara lo decía todo, para ella era como la llegada de la madurez, de una nueva etapa de su vida, era todo felicidad, perdón, FELICIDAD. “Papá, ¿ya estoy mellada o soy melleta?”, decía nerviosa. Pero más allá de lo que alcanzara a decir, su cara y sus ojos eran para enmarcarlos. Habló con Yoyo, había que ver su cara al contarle que se le había caído un diente. Se olvidó de sus juguetes, de sus chuches, de unas chocolatinas que le había comprado, y se acurrucó a mi lado (en esos momentos en los que Martina está para “inmortalizarla”, para comérsela, como tu bien sabes, Yoyo) para a ver la película. En ese instante la mujer y la hija de Henry habían llegado al Hospital a recogerlo, para llevarlo a su casa a seguir con su recuperación, pero él no las reconocía y no quería volver a su casa.

(No me gustar contar películas, lo detesto, y detesto aún más a quien se empeña en contármelas, pero para situaros a aquellos que no la hayáis visto, “A propósito de Henry”, que os recomiendo, trata de un abogado de éxito y con una vida un tanto superficial que sale a por tabaco, se ve envuelto en una reyerta y recibe un tiro en la cabeza. Pierde la memoria y cuando va recuperándola conoce la vida que tenía, y empieza a vivir nuevas sensaciones y otra vida, y acaba cambiando a mejor, dejando lo malo que había en su vida)

Mi felicidad ha sido completa al ver esta película con Martina acurrucada a mí, comprendiendo lo que le iba pasando a Henry y a su hija pequeña, y a su perrito Boby, y preguntándome cosas. Y confieso que volver a ver esta película, que hacía por lo menos 10 años que no veía, y en las circunstancias que os cuento, me ha hecho llorar, pero llorar de verdad, y ha sido como un bálsamo que ha acabado de colmar esa felicidad que os estoy tratando de contar en directo. El directo tiene de bueno que no permite ni hipérboles, ni exageraciones, ni traducir o moderar lo que pasa, sino contarlo tal como es. Por eso ahora os digo que he llorado como un niño viendo la película, porque si escribiese esto dentro de una semana os diría que me he emocionado, o que se me han humedecido los ojos, o que una lágrima resbaló por mi mejilla. Pero en directo sólo puedo decir que he llorado, hasta con jipíos. Y de alegría, por supuesto.

En la película hay un lenguaje de gestos que me encanta, a través de las manos, en momentos muy especiales, como cuando Henry se encuentra por primera vez con su hija, a la que no reconoce, y ésta, viendo que es incapaz de atarse los cordones de los zapatos, le ayuda a hacerlo mientras que le recita una canción con la que ella aprendió a hacerlo de pequeña; o cuando su socio le da un hipócrita apretón de manos; o cuando el perro le lame su mano; o cuando su mujer siente que él le coge la mano con cariño; y simplemente cuando él “nota” que su hija le coge de la mano, porque necesita esa mano.

Y en la película hay, sobre todo, mensaje, un mensaje que tenemos y debemosde aprender y tener muy presente. Y ese mensaje, que tanto cala en mi, es el que hoy quiero compartir y transmitiros. Darse cuenta de lo que has sido, vivirlo como espectador, arrepentirte, saber corregir, pedir perdón (hay varios perdones muy bien pedidos), y ser capaz de mejorar, se sacar lo mejor de ti, de ser tú. Me encantan algunas frases en las que Henry, en esa amnesia de la que quiere salir pero no puede, trata de situar a determinados personajes en su “nueva vida”, y le pregunta a su socio: ¿tú y yo éramos íntimos amigos?; o a su asistenta: ¿Y yo qué solía hacer cuando estaba en casa? Y ella le responde, ante su cara de asombro: “nada, usted nunca estaba en casa, usted estaba todo el día trabajando” (Ay, Salima, no digas ahora nada, pssss, silencio…)

Me imaginaba que eso me ocurriese a mi (válgame Dios, pero sin el tiro) preguntándole a algún “amigo”, o a algún “cliente”, como Henry: ¿Tú y yo éramos íntimos amigos? ¿Yo era tu abogado?, y con algunos que me estoy imaginando ahora mismo me entra la risa, pues yo añadiría, ¿pero tú y yo éramos amigos, so gilipollas? No sigo porque voy a empezar a poner algún nombre, e incluso apellido. Y me imagino también diciendo, sin complejos, a los 50 años, que ya no voy a comer más de esto, que no me ha gustado en la vida, y que no me voy a volver a poner esa ropa, que no me ha gustado nunca, y que ya no voy a salir más a cenar con fulanito, que no lo aguanto desde el día que lo conocí, coño. ¿Cuántas cosas hacemos por rutina, por complacer a otros, por acarreo histórico, vulgo por costumbre, y a cuántos gilipollas aguantamos, también porque si? Realmente la transformación de Henry, cuando ve “desde fuera” algunos pasajes de su vida, es de risa, resulta divertida, como cuando lo invitan a un cóctel con toda la gente güay de Nueva York, con la que él se codeaba antes del tiro, y se pega todo el rato hablando y riéndose con un camarero, porque lo que ve en los demás es nada, sencillamente nada.

Por eso creo que de ver desde fuera tu vida, ganar perspectiva, ganar dimensión, empequeñecer todo, hasta tus problemas, es un ejercicio que todos deberíamos hacer; salirnos por un rato de nuestra propia vida, y mirarla desde fuera, y buscar respuestas a muchas de esas preguntas, y corregir lo que no marche, y cribar a gente que no nos beneficie, y ver de verdad con quién caminamos, y con quién no debemos hacerlo; y apostar por lo que de verdad queramos ser, por quien de verdad queramos ser. Y en ello, en ese proceso, ser humildes, saber pedir perdón. El perdón no es humillante, el perdón se da porque se pide, y se pide porque se da. Y engrandece.

Siempre estamos a tiempo de cambiar, a tiempo de ser mejor. Podemos hacerlo. Y sobre todo para ser mejores (yo cambiar para empeorar, como que no, que me quede como estoy). Y para ello hay que salirse por un rato de la escena, y ver cómo sigue el teatro de la vida sin tí…..sería la única forma de relativizar las cosas, de hacer pequeños los miedos, las dudas, las confusiones, y de hacer grandes tus fuerzas, tu corazón, tu alma y tu vida, y a partir de ahí abrir tu puerta .

Hay una escena preciosa en la película que me está sirviendo de guión para esta entrada, que es cuando Henry, al chocar de frente con todo lo que era y con toda la gentuza que le rodeaba, se hunde, se viene abajo. Su mujer llama entonces a quien le ayudó en el hospital a su rehabilitación, un grandullón que para darle amor se lo dio con dureza, y lo enderezó. Bradley. Y le cuenta una historia a Henry, en la cocina de su casa, tomando unas cervezas. Bradley era futbolista, era lo único que quería ser, lo único que le importaba en la vida. Durante un partido le partieron las dos rodillas y tuvo que dejar el futbol, y ahí acabo todo, se dijo.  Ahí acabo el mundo para él. Pero a continuación le dice que no, que ahí no acabó, que precisamente esa fue la puerta que se tuvo que cerrar para que se convirtiera en rehabilitador, y consiguiese recuperar a tantos Henrys de la vida. Que del palo más gordo de su vida nació su verdadera misión en la vida. La lección es clara: cuando pensemos que todo se ha ido a tomar viento, literalmente al carajo, nunca hundirse, nunca abandonarse, sólo pensar que lo que se nos está poniendo por delante es la puerta de nuestra verdadera oportunidad, de lo mejor que el destino nos tiene guardado.

Finalmente, Bradley le dice a Henry, y copié literalmente la frase en un papel nada más escucharla en la película: “no hagas caso al que quiera decirte quien eres, lo averiguarás por ti mismo”

Poner esta frase en mayúsculas y en letras de oro: que hable tu corazón, escúchalo siempre, lucha por lo que te pida el alma, y espera tranquilo y confiado, porque sucederá lo que tenga que suceder, y lo averiguarás por tí mismo, como dijo Bradley.

Ojalá pudiéramos de verdad hacer ese ejercicio, por lo que tiene de mejora, por lo que tiene de sacar lo mejor que tenemos dentro de nosotros mismos, por lo que tiene de abandonar lo que no nos conviene, de cerrar algunas puertas que ya no deberían estar abiertas, y por lo que tiene de permitirnos abrir nuevas puertas.

Y ojalá podamos hacerlo sin necesidad de que nos tengan que dar un tiro en la cabeza. Para eso ya se lo dieron a Henry…..

Sevilla, sábado 8 de noviembre de 2014.

 

INTERMEDIO

Hola a todos, por primera vez he abierto la entrada de mi blog a pelo, sin prólogo y sin introducción. Espero que lo entendáis, tenía que contar en directo lo que me sucedió, y no había tiempo ni para saludos. Tenía casi preparada otra entrada, que dejaré para más adelante, sobre el lenguaje de las manos, y la había escrito viendo a mis hijos entrar al colegio cogidos de la mano. Es una imagen que me encanta, cuando los empecé a dejar desde el coche se lo pedí, y ya lo hacen sin decírselo, es la responsabilidad del hermano mayor hacia la pequeña, su primera responsabilidad, y la confianza de la pequeña en el mayor, y es que desde pequeños buscamos siempre otras manos, y tan bonito es buscarlas como ofrecerlas. Una mano ofrecida dice tanto, y en el ir, venir y dar las manos hay todo un lenguaje….bueno, ya os contaré que si no hago otra entrada.

Para aquellos que no siguen Facebook, os tengo que contar que he participado en un concurso literario, y aunque no lo he ganado, he llegado a la final. Se trataba de ir escribiendo y publicando una sinopsis, y los dos primeros capítulos de un libro (un e-book), y al ganador se lo editan. He ido pasando rondas y la verdad es que me he divertido mucho. Quisiera compartir con todos vosotros esa sinopsis y los dos primeros capítulos de mi libro, a ver si me lee un mecenas y me lo publica. Su titulo es CULOS DE SOTOGRANDE, y lo he ido escribiendo a pie de hamaca, durante el verano. Esto es solo el anticipo, quién sabe si algún día lo publicaré y podréis leer el resto de culos no contados (el bilbaíno, el gibraltareño, el sevillano, el Ké culo, el Mr. Boho, y hasta el culo Trocadero…). En fin, espero que os guste y paseis un buen rato.

Hasta el mes que viene, que por cierto ya estará empezando la Navidad. Os recuerdo a todos la campaña de vacunaciones que promoví hace casi un año en “Vacunate: se acerca la navidad”, entrada de noviembre de 2013, que podeis leer tambien en este Blog.

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CULOS DE SOTOGRANDE

CAPITULO UNO

“Sotogrande despertaba radiante aquel día de mediados de Agosto. Eran las 13.30 horas cuando entré al Club de Playa El Cucurucho a tomar una cerveza. Había quedado con unos amigos un poco más tarde, pero decidí llegar antes. Doblé a la izquierda, nada más pasar la recepción y divisar la playa, y me dirigí a la barra a tomar algo. De repente tuve como una visión, aunque era real: no había sitio libre en toda la barra, y todos los taburetes estaban ocupados….por culos. Sólo acerté a divisar una hilera de culos de todas las formas, tamaños y hasta colores, unos tapados con pareos; otros dejándose ver detrás de unos kafkanes transparentes, de colores pasteles; otros enfundados en unas bermudas de colores (vendrían del Club de Golf de Sotogrande, que está enfrente); otro (y digo otro porque de esos sólo había uno) sólo tapado por un diminuto coulotte, pues su portadora lucía una ceñida camiseta sólo hasta el ombligo; otros cubiertos por un meyba (ese seguro que era Packy, el Marqués de Guetares, un bilbaíno mezclado con irlandés, de nombre Francisco, y que recaló en el sur hacía años, para no perder el norte);  y otros cubiertos por un ligero vestido de seda de Sabin´s (la boutique de Sabinillas).

Ante la imposibilidad de acceder a un pedacito de barra, pedí como pude una cerveza y me mantuve en segunda fila. Y habida cuenta que el camarero era feo hasta morir, y que al frente, más allá de infinidad de botellas, no había nada que mirar, me dediqué a contemplar la colección de culos que me precedía, y de repente, detrás de esa visión, empecé a oir conversaciones, y en sólo un momento esos culos hablaban, y cada uno más distinto y más especial que su propia morfología. Por allí se escuchaba al culo bilbaíno (una especie muy afincada en Sotogrande), al madrileño, al culito londinense, al culo gibraltareño (How are you, pissha?), al culo filipino (ya toda una colonia en la zona), al sevillano (más pescuezo que culo), al culo sherry (bueno, de Jerez) y al culo Cucurucho, cómo no. No se si detrás de cada conversación había un culo, o delante de cada culo había una especie de las muchas que pueblan esta maravillosa urbanización del Sur de España, pero en sólo un minuto, y ante esa visión de tantos culos en fila, representando a todos los personajes, habitantes, visitantes, turistas, espontáneos y demás flora y fauna que puebla el lugar, se me ocurrió que tenía que contaros lo que veía y oía, que lo teníais que saber, y empecé a anotar ideas en una servilleta de papel que pedí al camarero, para que conocierais a los verdaderos y nunca contados, ni enseñados, culos de Sotogrande.

De repente, se oyó un ruido en la barra. Y eso es especial porque en Sotogrande no hay ruidos en las barras, todo es silencio, se come con la boca cerrada y habla con la boca cerrada. El ruido era como una especie de fino sonido de una mosca, que se fue transformando de manera lenta en un silbido, que se hizo constante y que fue aumentando, in crescendo, hasta convertirse en un trueno. De pronto, paró. Ante tal silencio, todas las cabezas que portaban aquellos culos que tenía delante de mi se giraron (en un ángulo no superior a 45 grados). Buscaban algo, o a alguien, o a un culo, probablemente a un culpable. Entonces la portadora del culo enfundado en aquel diminuto coulotte que os conté antes (la más fina, la más boquita de piñón, la más…) se giró y, susurrando, exclamó: “¡perdón!, han sido las coliflores de Manilva”

El pedorro se escuchó en Guadalquitón.

CAPITULO DOS: EL CULO MADRILEÑO

Sin duda el primer culo que llama la atención al llegar a Sotogrande, como a casi cualquier lugar de España, porque está en todos lados, es el culo madrileño.

El culo madrileño no tiene morfología. El culo madrileño es, por definición, y por excelencia, lo que aquí llamamos un culo inquieto. Y es que el madrileño que habita Sotogrande es un espécimen que, cuando llega el verano, “baja” aquí a estresarse aún más. El culo madrileño se apunta a todo. Es llegar el 1 de Agosto y su vida se relaja: a las 7 footing, o jogging, o movimiento (movement, es lo it). A continuación, golf, a fondo (el madrileño juega dos veces al dia, ¡¡qué menos!!). En medio, paddle. Y a las 2, el aperitivo, un fino, porque sí. La siesta, también: siete minutos y medio (como los señoritos andaluces de toda la vida), porque un verano no es verano si no se hace una siesta. El madrileño no duerme la siesta, la hace. Y no sigo. Antes del golf vespertino, una partidita de bridge. Y por la noche, a cenar el sitio de moda, y como hay que ir a todos y probar de todo, pues cenan dos veces. Antes de dormir, un gin tonic, a la ultima, esto es, casi un gazpacho (hay que ver la de cosas que se le echan ahora a un gin tonic, es que ya no es ni transparente). Ah!, y el yoga, que no falte un poco de yoga para relajar esos culitos antes de irse definitivamente a la cama.

De sexo ni hablamos.

Para todas las anteriores actividades el madrileño se ha pertrechado previamente con multitud de equipaciones. Todo a la última. Como los Kents y las Barbies. Para el footing, segundas pieles adheridas al cuerpo, colores flúor, zapatillas galácticas y toda suerte de aparatos electrónicos adheridos al cuerpo, que lo controlan todo: calorías, frecuencias, biotipos, celotipos, itunes, tensiones….el otro diaví uno por el Paseo del Parque con una pantalla de LCD colgada, pasándose una especie de desodorante roll-on por el abdomen. Es el último grito: el iEco, un ecógrafode precisión, lo más. Para el golf, de corto por la mañana y de largo por la tarde, siempre con un toque de moda: cinturón Hermés de color o gorrita de Loewe, “pa reventar”, pero qué horteras sois. Luego, para el paddle, muñequera a juego con las cien pulseras que todo buen madrileño porta (la de cuero, las solidarias, las guarras que nunca se quitan, la del stress, la del todo incluido, la de Marina D´Or, la de la Rivera Maya, de todo en la muñeca), polo bien pegadito, para marcar sudoración. Y los vendajes…..y las prótesis articulares. ¿No habeis visto que algunos van a jugar y parecen una momia a medio vestir, de la de vendas y prótesis que llevan?Es que si no estás lesionado o sufres tendinitis no eres nadie, no eres un buen deportista, y si después no visitas al fisio o al recuperador, menos aún. Al final del día, este espécimen se ha cambiado tanto de atuendos que lleva a la lavadora una maleta de ropa.

Y de sexo ni hablamos.

El culito madrileño se apunta a todo, absolutamente a todo, y le encanta la formación, porque de todo tiene que saber, es como el maestro Liendre, que “de tó sabe y de ná entiende”. O bien estudia idiomas con la nativa que trae para los niños o, por ejemplo, se apunta a chino. Los chinos del supermercado de Pueblo Nuevo abrieron una academiahace unos años y allí que ví a tres de Madrid que querían un cursillo intensivo de 7 horas al dia. Y el chino discutiendo con ellos porque no daba más de 2 horas al dia (claro, el chino lleva ya viviendo 5 años en San Martin del Tesorillo, se ha apuntado a UGT y ya es andaluz de costumbres, incluso ha hecho un ELE en la academia, que ya eran muchos costes)

¿Y las madriles? ¿qué hacen los culitos de las madriles que no hacen deporte mientras que sus maridos se relajan, como acabamos de explicar? Pues la ruta de los súper, que consiste en comprar en siete tiendas lo que habitualmente se compra en una. Ataviadas como para ir al mercadillo, y con su inseparable panamá, eligen una tienda para cada cosa, y presumen del máximo conocimiento alimentario. Sus productos “estrella” son la uva de Manilva y el kiwi rasurado, los conocen como nadie:

–         Chico, ¿Me das uva de Manilva?

–         No zeñora, zon de Zabinilla..

–         Entonces no me las ponga, yo quiero las de Manilva

(N del A: Sabinillas está en Manilva, y Manilva en Sabinillas)

–         ¿Tienes kiwi de pelo rasurado? Es que el de pelo alisado tiene megos Omega 3…..

Luego pasan a la carnicería a darle clases al carnicero, y le dicen que en Madrid la cortan “así” (la ultima moda es en diagonal) y de camino le dan una culada (enAndalucía decimos una “culaita”), “enseñándole” algún truco para hacer la carne (que siempre acaba en la Termomix, of course).

La ruta acaba en la pescadería, el templo del saber culinario de un madrileño. ¿Hay algo más empachoso que una madrileña en una pescadería? Pues sí, lo hay: un madrileño en la pescadería de Hipercor en Sotogrande. Van con gafas de ver, y como son de costa de toda la vida, saben más de pescado y marisco que nadie. ¿Conoce alguien a la cigala bragada? ¿Y al pargo toricantano de agalla coral?Examinan la pieza de arriba abajo, la miran fijamente a los ojos (algunos hasta diagnostican una clara anemia de mercurio en su mirada…) y por último le cuentan a la concurrencia, a voz en grito, cómo lo van a cocinar. Al final, acaban comprando filetes de merluza y unos deliciosos palitos congelados findus, que este año están a la última cocidos al wok. Y del atún no hablamos…

En el mercadillo también imponen tendencia, en Madrid se sabe llevar el panamá a la perfección, y eso se nota (ya se sabe, Madrid es la Habana con más salero…, no hay más que pasear por el Soto de la Moraleja, que es la prima de Sotogrande, para contemplarlo)

Y donde sientan cátedra es en otra disciplina en la que destacan: el entendimiento de vientos. Me emociona cómo domina un madrileño el Poniente y el Levante, parece que nacieron con la veleta de serie. Y cuentan lo que le oyen al lugareño de la calle como si fuera su propia ciencia. Vi a uno un dia hasta emocionarse contando lo de la dirección en la que habían construido las abejas sus panales, leyenda centenaria que todavía no he alcanzado a entender, porque siempre veo los panales en el mismo sitio, sople el viento que sople.

El culito madrileño se pega todo el año estudiando, tratando de saber de todo, para cuando llegue el verano bajar y repartir culaitas, al Sur y al Norte, al Este y al Oeste, y decir al mundo entero cómo se hacen las cosas en Madriz. Pero en el fondo, y de tanto verle ese culito se le nota, es un cateto de provincias. Un cateto que cuando ve un pescado dice “un pez”, y que denomina “alta mar” a lo que aquí decimos “a lo jondo”.  El madrileño, aunque se desplace en horizontal, siempre “baja”, lo mismo baja a Andalucía, que a Murcia, que desde Sotogrande a Marbella, y cuando te invita te dice “a ver cuándo subís a Madriz”.

Por eso pienso que conocieron a un tal Nicolás, y el tal Nicolás se la pegó a todos, sin excepción.

Ya os contaré más adelante las aventuras de Pelayo y Borja Beltrán, y conoceréis mejor a esta variedad de culitos inquietos tan particular.

Y de sexo ni hablamos

Queridos amigos de Madrid, ¿por qué sois tan “jartibles”?

16 pensamientos en “UNA TARDE CON MI HIJA

  1. Buena doble entrada. Algo polemica la segunda, si alguien la toma en serio al 100%. Me encantaria ver el resto de culos, el sevillano sera de órdago…. Seguro.

    Sobre la primera magnifica película y mejor interpretación. La puedes completar con “Que bello es vivir” y seguro que te iban a hacer falta algunas entradas de blog y, sobre todo, pańuelos, muchos pańuelos.

    Espero que el raton pérez, nuestro primo, haya venido ya para Martina.

    Buen regalo de lunes tener esta entrada completa, sigue asi.

    Ah y ¡Feliz Navidad!

  2. Hola amore!
    No hay nada más resultante y que llegue más directo que narrar una historia “en caliente”, como cuando te comes una magdalena recién salida del horno. Tierna, aromática y esponjosa!
    Qué puedo decirte de esta historia? Qué me encanta su protagonista, aunque sea guerrillera, puede ser la más dulce del mundo (que le pregunten a mi padre). Prometía ya desde que estaba en mi barriga, qué pataditas, qué de vueltitas…en definitiva “imparable”, y qué siga siendo así. Llegará lejos por sí misma, de eso estoy segura. Nunca nos olvidaremos de su primer llanto y fue ella la que dijo: “Bienvenido mundo, ya estoy aquí”!!
    ILUSIÓN, es poco para describir lo que en días previos venía manifestando porque llegase el día de la “caída” (no del muro, ja,ja) del diente o dientes. Qué espera más eterna, pero por fin llego ese día! Debo contaros que ese mismo día su tía Mariló me acercó una puertita rosa muy linda, en miniatura, para que se la entregase a ella (sin saber lo que ocurriría dos horas después), y por la cual debiera acceder el ratoncito Pérez a visitarla. Qué acierto tuviste Madrina y qué puntualidad! Perfecto!
    Martina habla con sus ojos, con su mirada y los que la conocéis lo habréis comprobado. Me la imagino perfectamente, Armando, cuando se te acercó a decírtelo.
    Envidia, pero sana! Tendré que espera a ver los siguientes.
    Me alegro mucho que disfrutáseis de esa tarde. Recuerdo la peli, y pude revivirla un poco el otro día. Soló decirte que vivimos tan rápido y a tanta velocidad en este “tren de la vida”, que de vez en cuando, deberíamos apearnos , sentarnos, pensar, hacer examen de conciencia, cambiar ciertas y malas costumbres, cambiar comportamientos y actitudes antes la gente, ante la vida, y soltar lastres y piedras que nos ciegan y nos pesan.
    Me gusta que te emociones, me gusta que disfrutases en soledad de nuestra “pimienta” como le llama nuestra querida amiga Sara, y que revivieses esa buenísima película y que te hiciese pensar cómo los has expresado.

    Gracias por tus entradas y en especial por ésta!!

    • Me gusta que te guste, que bien escribes y que bien lo cuentas, como sigas así me vuelvo a emocionar y escribo “Una tarde con Yoyo”. Poco puedo añadir a lo que dices de nuestra “pimienta”, salvo que no puede estar mejor descrito. Gracias por sumarte a teregalomialegria. Te quiero

  3. Mi querido Armando….. ( siempre ya.sabes con permiso de nuestroS amados respectivos@s…..)
    VALENTIA Eso es lo que me ha dejado tu gran mensaje de este mes ,lógicamente a parte de tu preciosa niña me encanta…… Pocas niñas conozco de su edad con. Tanta personalidad!!! ( con vuestro permiso….. Yo ya le estoy hablando mucho a Javier de ella….. Tu ya sabes….. Jijijjiji …..) VALIENTE….. A mi a veces me gustaría tanto serlo….. Dejar de ser CORRECTA DIPLOMÁTICA AMABLE CORDIAL SIMPÁTICA…… Ufffff ….. Y decir lo que pienso como lo siento y a quien quiero……. AR CARAJO EL QUE DIRAN!!!!! Pero he de reconocer que me cuesta,que no puedo ,que me puede la….. Diplomacia,amabilidad, cordialidad……
    Estoy totalmente de acuerdo contigo y prometo seguír intentando cada día ser un poco mas valiente quien sabe…… A lo mejor llega el dia y lo hago…… AR CARAJO!!!!
    Cómo siempre gracias!!!! Te esperaré….

    • Cristina, ese AR CARAJO es romper con la diplomacia de golpe, mejor es ir poco a poco, empezar por mandar a más de uno a la m…., luego decir “hasta aquí llegué” (como el bar de Vejer que publicó Yoyo en Facebook), y luego, si, luego “tó a tomá por culo”. Gracias de nuevo por tu fidelidad….literaria

  4. Hola Armando!!! Estupendo volver a leerte, la primera parte de tu entrada es mágica por lo cotidiano que cuentas. Martina parece ser la dulzura personificada, ya la he visto en “vivo” y en diferido y me ha encantado, qué ganas de conocerla. Es genial compartir esos momentos únicos con nuestros peques, Yoyo, tienen muchos dientes, don’t worry!! Y esa peli es sensacional e impactante por muchas veces que la veas, nos hace darnos cuenta de que realmente somos humanos, con la fragilidad que eso implica, aunque a veces se nos olvide.
    Admiro muchísimo a las personas que escriben tan bien cómo tú, porque yo estoy intentando hacer algo parecido y necesito un grado de concentración bestial para juntar dos palabras que tengan sentido.¡Felicidades!
    En cuanto a la segunda parte…estooooo….¿¿de verdad que nos veis así a los culitos madrileños?? ¿¿Jartibles?? ¡¡¡Jolines!!!! Si somos súper “majos”!!!! ja ja ja ja me ha encantado aunque es “debatible”… huuuum!!! Un abrazo fuerte!!

    • Maria muchas gracias por entrar en este mundo de teregalomialegria y publicar tus pensamientos. Siéntete como en tu casa, que al fin y al cabo nadie nos ve ni nos oye. Para lo de escribir o juntar palabras solo puedo darte un consejo: no pienses, olvídate de los adjetivos, de la gramática, de los puntos y las comas, y limítate a contar lo que te diga tu corazón y tal como te lo diga, sin más. Y todo saldrá perfecto. Suerte

  5. Querido Armando: Mi más sincera enhorabuena por esta espontánea entrada que, además de las riquezas habituales, tiene eso impagable de lo que surge del corazón, así, de pronto. La película (¡Y eso que no te gustaba habla sobre ellas! jajaja) es un peliculón que no pasará a la historia del cine con mayúsculas pero que es una de esas obras redondas en su concepción, interpretación y mensaje. En el fondo, toda la trama inicial se pone al servicio del mensaje que quiere transmitir y que tan bien has desarrollado. En ese aspecto, estoy muy de acuerdo con tu hermano Luis y su recomendación de una película, que desde siempre ha sido mi película de cabecera, “Qué bello es vivir” (It’s a wonderful life, Frank Kapra, 1946) que transmite una visión de la vida de uno parecida pero diferente. Es decir: cómo hubiera sido la vida si uno no hubiera existido. Muero con James Stewart y Donna Reed y con ese ángel loco por conseguir sus alas. Sí, sí, esa que ponen todos los años en navidad y que, quizá por eso, nadie ve. (Espero que no sea un efecto secundario de la vacuna…ejem). Me derrito con las historias íntimas y los corazones abiertos y tu historia de la tarde con Martina y su diente lo es. Me encanta.
    Enhorabuena por tus logros en el consurso de tagus con “Culos de Sotogrande”. Recuerda mucho a tus crónicas veraniegas, cono todo su arte y toda su cáscara satírica. Mola mucho celebro la libertad con la que escribes. No todo el mundo se atrevería a hacerlo. de todas formas, y aunque entiendo que la gente debe tomárselo con humor (porque así está escrito), no olvides que los madrileños, como mi amiga María Requena, además de culo, tienen su corazoncito… ¡Pobrecitos! Claro, una cosa son los madrileños y otra los madrileños que van a Sotogrande… pero de eso yo no entiendo mucho.
    En fin, reitero mis felicitaciones en todos los sentidos. Y besitos para tu selecto público.

    • Salva, no cambio esa tarde con Martina por nada del mundo, la lluvia, el diente, la película y la maravillosa vivencia quede recuerda grabada. Me he limitado a contarla tal cual fue, en directo. Para ofreceros una foto fija de un gran momento. Y en cuanto a los CULOS, aclaro en mi libro que detrás de cada uno, o delante mas bien, hay un rostro, y por supuesto un corazón. Pero dicho lo anterior, CULOS es mordacidad, es sacar lo mejor de cada casa desde lo peor, no hay nada como hablar en serio desnudos, de eso se trata, ni mas ni menos

  6. Yoyo, ¿para cuándo tu blog? Anímate!!!!!!
    A mi otra Martina se le mueve un diente, y yo le digo que si se le cae ya no va a ser “mi niña”. Pero ella me contesta: “Incluso cuando tenga catorce años seguiré siendo tu niña”. ¡Ay! eso espero porque crecen demasiado rápido.
    Enhorabuena de nuevo Armando por tu capacidad para ser feliz, y contarlo, sin artificios.

  7. Querido Armando, por fin he podido leer tu entrega , me tenias preocupado por el contenido “CULOS DE SOTOGRANDE”……… me pensaba…¿ y este Tio como que ha desviado su literatura hacia el sexo ?.. joder la Yoyo lo mata.

    Afortunadamente y tras leerlo debo felicitarte por la originalidad y la frescura con la que nos haces llegar ese ambiente y sus moradores que tu bien conoces de SOTOGRANDE en sus fechas cumbres del verano.
    La narración sobre tu pequeña Martina es genial muy buena y sobre todo se te nota la ” babita “de Padrazo.
    Gracias por el buen rato de lectura. NO lo dejes nunca. Un abrazo Vecino.

    • Querido PACODETODALAVIDACOÑ, ya estoy preparando el Culo
      RealClubdeGolf, que va a ser divertido también. Tu has visto crecer y nacer a mis hijos y sabes de sobra lo padrazo que soy y como se me cae la baba. Intento aprovecharme de su frescura e ingenuidad hasta que me ocurra lo que tu me contaste de tu hijo, cuando te diste cuenta lo largo que era y que ya tenía pelos en las piernas….un abrazo

  8. ¡Hola, Armando!
    Pues vamos a impregnar de comentarios “UNA TARDE CON MI HIJA”. Antes que nada transmitirte que nunca lloro por reveses de la vida, por tristeza o por dolor emocional. No porque sea un tipo duro, sino porque no me salen las lágrimas; siento el sufrimiento interno pero no acompañado del llanto. En cambio, las emociones positivas derivadas del AMOR, con mayúsculas, o de la AFECTIVIDAD, sí que pueden soltar en mí el candado que sujeta la lágrima. Poniéndote en estos antecedentes, subrayaría de “UNA TARDE CON MI HIJA” cuatro aspectos diferentes. Uno tiene que ver con lo que menciono: sinceramente, se me ha escapado alguna que otra lágrima leyendo una historia humana; recalco: humana. Hay pasajes realmente salpicados de AMOR de verdad entre una hija y su padre, salpicaduras que nos regalan tu alegría y felicidad narradas en la tarde que pasaste con Martina. Gracias.

    El segundo aspecto tiene que ver con la calidad de la narración. Es, en mi opinión, excelente; potencialmente de buen escritor (siempre se puede mejorar, pero, desde mi punto de vista, tienes los cimientos y la estructura para llegar a ser un gran escritor). Desde este comentario, si me lo permites, le echo combustible a tu predisposición a participar en concursos literarios, como el que mencionas y a, ¿por qué, no?, directamente escribir libros, conociendo siempre la dificultad que entraña la edición y publicación. Con franqueza, creo que tienes potencial y te animo a continuar en esta línea, en la medida que tu tiempo te lo permita.

    El tercer aspecto está más relacionado con el paralelismo que creo que ves entre una parte de tu vida y el personaje de Henry que interpreta Harrison Ford en la película “A propósito de Henry”. Pero estimo que esto es más personal y creo que debo apelar a mi discreción, ya que, al fin y al cabo, el grado de satisfacción y de autorrealización que has alcanzado con tu vida laboral es un asunto muy íntimo y en el que no debo entrar.

    Y el cuarto aspecto tiene que ver con las reflexiones finales que realizas tras haber pasado una tarde con Martina “mellada”, a la vez que simultáneamente ves al personaje de Henry en la película citada. Son reflexiones certeras en mi opinión. Reflexiones como no hacer cosas por rutina, por costumbre, como empequeñecer nuestros problemas, como destacar la grandeza del perdón, como apostar por el cambio personal de uno mismo para mejor, como resaltar que cada fracaso en nuestras vidas es una oportunidad de oro para mejorar en lo inmaterial. Todas estas reflexiones o lecciones son un verdadero vergel.

    Para finalizar mi comentario de “UNA TARDE CON MI HIJA”, me atrevo, si me lo permites, a recordar la frase de la Antigua Grecia, “Conócete a ti mismo” para situarla en paralelo a la frase que sugieres que pongamos en mayúsculas y en letras de oro y que resaltas en negrita y cursiva: “no hagas caso al que quiera decirte quien eres, lo averiguarás por ti mismo”.

    Sin más, te doy mi más sincera enhorabuena por “UNA TARDE CON MI HIJA”. Merece la pena, al menos para mí, leerlo y comentarlo.
    Un abrazo, Armando.
    Miguel.

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