SOY

TRABAJO 2  Qué me gusta contar cosas, qué me gusta escribir, y qué me gusta volver a estas páginas, que para mí es como volver a veros. Hola a todos, y disculpad por mi falta de puntualidad. Lo sé, tenía que haberme asomado aquí en Enero, a principios, y en Febrero, en la misma fecha, y lo hago ya acabando el mes. Y no ha sido por falta ni de ganas ni de temas, sino de tiempo. Si he tardado en aparecer de nuevo ha sido por trabajo, trabajo, y trabajo, y eso me trae a la memoria lo que soy, y a lo que me dedico. Y sobre eso voy a escribir hoy, en un nuevo cuadro escrito de mi galería que podría titularse “Autorretrato” aunque al final he optado por un titulo que define como nada lo que para mí es una vocación: ser.

En un libro que le he “robado” a Yoyo recientemente, y que le regaló su amiga Ana por su cumpleaños, con dedicatoria incluida (y digo robar porque los libros se roban, al igual que los diamantes, son objetos preciados), hablaba un personaje de que para ayudarnos a construir el futuro teníamos que anotar lo bueno que nos había ido ocurriendo en nuestra vida, para cimentar con ello lo que está por venir. Me gustó la idea y ahora, en mis ratos libres, o cuando algo me agobia, o cuando me acuesto, o incluso al levantarme, abro ese capítulo y “anoto” mentalmente lo bueno que me ha ocurrido. Me está gustando tanto que voy a empezar a escribirlo de verdad en la moleskine que me han traído los Reyes Magos, porque efectivamente esos son los cimientos que van a ayudar no solo a apuntalar el edificio de mi vida, sino a permitir seguir construyéndolo, para que crezca y mejore. Ahora que empiezo a jugar la segunda parte del partido de mi vida, estas reflexiones son necesarias. Y lo de la segunda parte del partido lo tomo prestado de Antonio Banderas y de su discurso en los Goya de este año. Si, de Antonio Banderas, y no me he fumado nada raro. Debo de estar volviéndome sensiblón, pero reconozco públicamente que me llegó adentro, y lisa y llanamente me gustó mucho. Y punto.

Pues bien, en esas anotaciones que iba haciendo de lo bueno que me ha ocurrido aparecieron una serie de momentos concatenados que guardan una estrecha relación, y que dan pie a lo que os voy a contar. Por este orden son: 1982, decido estudiar Derecho (que no sería nada extraño ni a destacar si no fuera porque hasta que acabé la selectividad yo quería ser médico, como mi abuelo Juan, e incluso estudié ciencias puras); 1987, acabo la carrera de Derecho; 1998, hago la mili, y a la vez tengo mis primeros escarceos con el Derecho en el despacho de Gonzalo Briones, que me apadrina en mi jura como abogado allá por el mes de Julio; y 1989, entro en el despacho de quien fue y es mi maestro Manolo Sánchez del Águila. El nexo de unión de los mismos es que soy Abogado, y en la fecha en la que estamos sigo siendo Abogado. Es mi orgullo. No presumo de nada. Pero de esto sí.

Decía Manuel Olivencia, que fue mi profesor de Derecho Mercantil, en el discurso que pronunció a los postres del almuerzo de conmemoración de nuestros 25 años de Licenciados en Derecho, que nuestra generación (soy del glorioso 1964) éramos el orgullo de unos padres que nacieron y crecieron en la posguerra, y a los que, por esas circunstancias, sus padres no pudieron darles las carreras que ellos hubieran anhelado. Sin embargo, lucharon como nadie por una España mejor, se esforzaron como nadie también, y le dieron la gloria de unos años 60 esplendorosos, antesala de la España desarrollada, años en los que muchos de nosotros nacimos. Y esos padres nos dieron esas carreras que ellos no pudieron llegar a tener. Nos licenciamos no sólo por nosotros, sino por nuestros padres. Nuestras licenciaturas fueron las suyas. Y tenemos con ellos una enorme deuda de gratitud. Por eso ese día, a lo mejor 25 años tarde, valoré y saboreé más aún ese logro de obtener la licenciatura de Derecho, y hoy se lo agradezco a mis padres. Pero hubo otro momento de aquella celebración que también me llenó, y que cuando recibí hace ya dos años mi Diploma de 25 años de Abogado volví a recordar, y es la conversación que compartimos varios compañeros ese día: al empezar la carrera nos decíamos si seríamos capaces de acabarla y de llegar a ser abogados. Dijo uno: ¡al final, pudimos! Lo fuimos. Y yo añadí: “y esta mañana, al levantarme, me he dado cuenta que ya llevo más de 25 años viviendo de esto” Lo conseguimos.

Al anotar esos buenos momentos de mi vida en la agenda de mi mente, me ha venido el recuerdo de cuando empecé como pasante mi andadura por la abogacía, de cuando llegué al despacho de Manolo Sánchez del Águila, “impuesto” por Gonzalo Briones (que había sido anteriormente su discípulo, y que tuvo la grandeza de “enviarme” con Manolo donde, según él, iba a aprender mucho más). Le recuerdo a él, impecablemente vestido, seguro, un busto de patricio romano (en palabras de Gonzalo Briones), mi primera mesa, esa preciosa mesa de palisandro que estaba en la sala de juntas, el satai (que lio de teclas), el olor del papel y del Aranzadi, inconfundible, y del cenicero lleno de colillas de Ducados (qué aroma), la papelería, los membretes en relieve con letra inglesa, hechos con los moldes de zinc en Fernán Caballero (qué tienda, Londres en Sevilla), los primeros expedientes, las escrituras, los contratos, los clientes, todo de verdad. Y mi primera beca (50.000 pesetas, para la Feria, me sentí como un millonario). Y Manolo, mi maestro: tesón, fe, esfuerzo, experiencia, no dar nada por perdido, honradez, generosidad, amante de la buena vida, y maestro, siempre maestro. Y enamorado del derecho y de su profesión. Lo he admirado y lo admiro, siempre quise ser como él, siempre quise ser ese lanzador de piedras a la luna que él me enseñó que era, me empapé de él, me aprendí de él, y me bebí hasta la última gota del zumo que uno se bebe cuando tiene sed. Como decía Garrigues (el patriarca), “la mayor alabanza al maestro, al hablar de él, es sentirse siempre discípulo”. No os puedo transmitir cómo valoro y agradezco que Dios pusiera en mi camino a esta persona, cuando uno no tiene en su familia a nadie del mundo jurídico con quien iniciarse en esta dura profesión. Cuando anoto estas cosas me digo que he sido muy afortunado, y que tengo que dar las gracias a la vida, pues si no soy capaz de devolverle a la vida lo  bien que me ha tratado, mala persona seré. Y esto es un cimiento que nunca puede caerse.

Catorce años estuve a su lado, hasta que me independicé. Y me hubiera quedado siempre. Qué años tan maravillosos, qué equipo (José Manuel, su hijo, Jose Antonio, Rocio, Lola, Jose María, Eva, Auxi cuando nos echaba una mano con el fiscal, Macarena la secretaria; duro trabajo pero siempre recompensado con la buena vida, ningún juicio sin almuerzo o cena posterior, siempre un aperitivo al mediodía, las cenas de verano en el patio de Los Navarros, cubiertos por la parra)…..entré hecho un pipiolo y salí casado.

Yo entré queriendo ser abogado (me acuerdo su pregunta cuando nos vimos por primera vez: “entonces, hijo, ¿tú quieres ser abogado?”….menuda pregunta), empecé deseando serlo y seguí queriendo serlo y siéndolo. Cuando me matriculé en Derecho yo pensaba y quería ser abogado, creo que vocación ya tenía, pero como a los torerillos del campo, me faltaba una oportunidad y tomar la alternativa. Y tuve fe, que es lo único que entonces podía tener. Cuando tuve la oportunidad y tomé la alternativa, la fe apuntaló a la vocación, y desde entonces una y otra se necesitan, yo diría que se complementan: no hay vocación si fe, ni fe sin vocación.

SOY Abogado porque tengo vocación, y cuando se tiene vocación, SE ES. Vocación es amor al ejercicio de una determinada profesión. Y una profesión implica una constante exteriorización de la propia personalidad y voluntad de quien la ejerce, de ahí que ser abogado sea una forma de vida y una forma de ser. El que enseña, el que predica, el que cura, el que escribe libros, o el que compone música, pone su vida entera en cada momento de su actuación profesional, vuelca en ella su modo de ser, y de esa forma exterioriza y pregona a los cuatro vientos quién es y cómo es. El abogado es un exponente de esa vitalidad, y por eso la abogacía es una profesión, y por eso solo puede ejercerse con una condición inicial: la vocación. Y ese soy yo.

SOY Abogado porque en esta profesión encontré un reto diario, un motivo para levantarse, el amor por el trabajo bien hecho, la felicidad de llevarlo a cabo, el esfuerzo hasta el final, el no darse por vencido, el llegar a saber que al final lo que buscas lo encuentras, el confiar en la Providencia (con mayúsculas, no en la del juzgado); el haber aprendido que hay solución para las cosas, que siempre la hay, pero que lo importante para alcanzarla está en saber buscar el camino, que el camino es la solución, que cuando fallamos es porque nos equivocamos de camino, que la experiencia es lo que aprendemos cada vez que nos equivocamos, que si uno se cae hay que levantarse, una y otra vez, y que hasta cuando uno tropieza acaba dando dos pasos para adelante; la satisfacción por el trabajo bien hecho, exigirse cada día más, en definitiva………la vida en la abogacía, y la abogacía (como actitud) en la vida.

SOY Abogado porque me llena hacer mi trabajo, estudiar, investigar, encontrar, crear y construir caminos de solución de conflictos, ayudar a resolver situaciones, o a planificarlas, o a evitarlas, y porque cuando un cliente me encomienda su defensa soy quien le ayuda a llevar su pesada carga, y en ese momento soy confesor, amigo, consejero y crítico, todo a la vez. Y sobre todo porque en ese momento me siento útil y me vuelco en buscar el camino a seguir y transitar por él. Y porque cuando de verdad se hace justicia no hay mayor placer que ayudar a hacerla: el otro día un cliente lloraba como un niño chico cuando por fin una sentencia le daba la razón tras una dura batalla personal de varios años. El dar esa noticia y ver la alegría de esa persona no tiene precio, nada en el mundo lo podría pagar. Ojo, y también está la otra cara de la moneda: el fracaso, la rodilla al suelo. Y me han enseñado que en esta profesión hay que ser humilde en la victoria y compasivo en la derrota. Y me gusta ser Abogado porque en mi trabajo me encuentro a personas, a historias detrás de las historias, a gente buena, y no tan buena, pero que confía en mí y me hace depositario de sus problemas o de sus decisiones, y en ese camino yo me encuentro y saludo a la vida todos los días. Me da vida. Que un cliente me de su confianza es lo máximo. La base de la relación abogado-cliente es la confianza, y darte eso es una responsabilidad, pero sobre todo un honor.

Y SOY Abogado gracias a mi Familia, empezando por mis padres, por comprender la difícil elección (en mi época todos querrían un hijo notario, o funcionario, algo seguro, el sueldo fijo), y por ayudarme en todos los sentidos, pagarme las cuotas del colegio de abogados y alguna que otra corbata, y aguantarme en casa hasta que me fui encauzando; a mi mujer, porque como novia aguantó más que otras, y luego asumió la ganancialidad de los sacrificios y sinsabores que a veces tiene esta profesión; y a mis hijos, a los que les robo muchas horas de despacho y con los que más plazos incumplo. Todos ellos son mis acreedores, con quienes siempre tendré una deuda de gratitud.

Pero sobre todo, ellos son mi norte y mi razón de ser. De ser quien soy.

 

LA OTRA VOCACIÓN

Yoyo ha vuelto a trabajar, me imagino que lo sabéis. No se trata aquí de hacer un Linkedin y explicaros los detalles. Ha vuelto a trabajar después de diez años. Y si ha vuelto a trabajar, es que antes trabajaba, y la pregunta es ¿y por qué dejó de trabajar? Pues lo hizo porque quería crear una familia, que vinieran los hijos, criarlos, verlos crecer, estar ahí. Menuda empresa. Menudo trabajo. En estos diez años ha pasado tanto….han nacido Armandito y Martina, han tomado el pecho, se han acurrucado a su madre, han dormido interminables siestas de verano a su lado y, en definitiva, se han criado. Armandito ya ha hecho la comunión, diez años dan para mucho: los ha llevado al colegio, los recoge, hace los deberes con ellos, ha cantado en sus fiestas, ha hecho teatros, los ha disfrazado de todo, y ella también se ha disfrazado, ha preparado meriendas, y muchas veces merendolas, les ha organizado unos cumples de las mil y una noches, lo digo porque duraban hasta la madrugada, le ha dado tiempo a hacerse amiga y lectora de Pepe, el pediatra de nuestros hijos, compañero mío del colegio (y otra vocación de las buenas), les ha puesto el termómetro sin parar esas largas noches de fiebre, ha reído con ellos, les ha reñido también, ha sufrido comprando ropa que se quedaba pequeña al día siguiente y zapatillas de deporte que llegan a agujerearse, no se sabe cómo, para desesperación familiar. Y en medio, ha tenido tiempo para mil cosas, para mí, para sus amigas y amigos (se masca un homenaje, ¿no?), para cuidar a sus padres, ahora le toca a Balbino, para desvelarse por sus hermanas, por Paqui, por cualquiera que le pida un favor. Y siempre sin olvidar a su familia, a Armandito y Martina, y a mí, pues todo eso hace que la vocación de la que antes he hablado se fortalezca, mejore y pueda alimentarse. Menudo negociado ha llevado en estos diez años. Eso hay que ponerlo en el curriculum, y debería computar como cotizado a la seguridad social. Es la otra vocación, la vocación de la vida, la vocación por la familia. Ella se perdió los años de la realización profesional, pero ganó los mejores años de sus hijos. Ahora vuelve al trabajo, y lo hace sin dejar de atender todo lo anterior, y sin perder el norte de lo que ha conseguido y llevado a cabo en esos diez años.

Si no fuera por esos diez años, mi vida sería otra. Así de simple. GRACIAS

 

FATIMA

Pasado mañana nos vamos a Fátima. Sí, a peregrinar a Fátima. No he ido en mi vida, pero Dios y la Virgen nos han puesto delante una excursión del cole de Armandito y Martina, de niños y padres, y hemos dicho que SÍ. Estas cosas o te las ponen o no se te ocurren. Menos mal que Ellos están para eso. Tengo (bueno, tenemos, toda la familia) una ilusión enorme, y es por todo, por el viaje con los niños, con sus compis y otros padres (nos vamos a hartar de autobús), por la convivencia, por la historia tan bonita que la rodea, y ¿por qué no? por presentarnos ante la Virgen, darle gracias, rezarle y pedirle. Ya sabéis que se suelen escribir peticiones y depositarlas allí. Si tenéis alguna petición, aquí tenéis un emisario: vale en voz alta, por escrito, a través del blog, por wasap, por facebook, sms o simplemente con la intención. A mí me han puesto por delante la excursión, y me he subido al carro. A vosotros os pongo por delante mi ofrecimiento, subiros. Hay mucho que pedir, y mucho que agradecer.

Seguro que la excursión da para otro blog, una crónica o quién sabe.

Me alegro mucho de volver a veros.

 

11 pensamientos en “SOY

  1. ¡Hola, Armando!
    ¡Por fin tu entrada! ¡Gracias! ¡Me ha gustado mucho!
    El amor que desprendes por tu profesión es admirable y entiendo perfectamente ese sentimiento de vocación del que hablas. SOY madre, hija, amiga, esposa…y terapeuta ocupacional. Y cómo tú no es algo de lo que te puedas desprender, es un estilo de vida…nuestra profesión forma parte de nuestro SER.
    Yoyo es admirable…de esas personas que quieres tener cerquita, de las que sabes que vas a aprender, y con las que disfrutas cada momento…aunque, a veces, tengamos que hablar a 33rpm…Ay, el tiempo!! No sé desde hace cuanto que nos conocemos… 6 meses? Menos? Pero ya no puedo vivir sin ella.
    ¿Cuál es el título de ese libro?¿Me lo chivas? ¿Los libros se roban? Me ha gustado esa expresión, pero no diría eso… Estoy de acuerdo que, sobre todo para los que los amamos, son diamantes…que prestas a los que aman los libros cómo tú.
    Disfrutad mucho en Fátima, mil millones de gracias por tu ofrecimiento…
    Un beso grande y, sobre todo, gracias por tu alegría!!

    • Gracias, Maria, por tus palabras. Los libros se roban porque cuando te los devuelven, si es que ello ocurre, te dan un cuerpo al que ya alguien le ha quitado el alma, aunque luego tu descubras otra. El libro al que aludo es de Javier Iriondo y se titula “Donde tus sueños te lleven”. Espero que ademas de leer y compartir musica, pronto nos obsequies con algo escrito, sólo hay que ponerse….

      • Gracias Armando por el libro, lo buscaré. Y por la aclaración sobre “el robo de libros”, me gusta!! Y por lo de escribir…quién sabe, pero gracias por los ánimos. Un abrazo.

  2. Ainsssss que te añoraba yooooo!!! Ufff me ha encantado conocerte mas!!! MARAVILLOSO …. Grande muy grande por dentro eres …. Y gran suerte tienes de tener a tu Yoyo al lado …. Yoyo siempre está ….. Un gran beso que como no y como siempre te lo daré con permiso de tu encantadora esposa y mi amado marido ….. En Fatima!!!

    • Cristina, desde luego que cuando haga una edicion especial te incluiré entre mis fans, gracias por tener siempre un comentario, una respuesta y una frase que poner como quinda en estas historias que os cuento. Nos vemos en Fátima

  3. Como prácticamente siempre que te leo, Armando, tus palabras destilan optimismo o, si prefieres, usando el vocabulario que te gusta, regalan alegría. Y esto es muy de agradecer, en mi opinión, en tiempos donde hay demasiadas actitudes e informaciones tóxicas. Gracias.

    No tienes que disculparte por tu “retraso” en la nueva entrada de tu blog. Ni siquiera recurrir a lo que me consta que es cierto: la falta de tiempo por responsabilidades laborales, responsabilidades familiares y tu/vuestro merecido tiempo de ocio.

    Algunos de los lectores de tu blog te conocieron probablemente más tarde que yo. En 1982, cuando decidiste estudiar Derecho, ya nos conocíamos. Magníficos recuerdos de aquella Valdelagrana donde aún se escuchaba el croar de las ranas en las charcas, hoy inexistentes. Posteriormente, nos perdimos la pista y ahora, la casualidad o la causalidad, ha querido que podamos leernos hasta donde el factor tiempo nos lo permite.

    Vocación, autoexigencia frente a autocomplacencia y ser agradecido con quienes te han permitido llegar a SER Licenciado (Abogado, en tu caso) deberíamos, desde mi punto de vista, anotarlo todos en nuestro interior, pero especialmente los españoles nacidos en los años sesenta.

    La calidad de la narración de “SOY” me parece excelente; siempre existe potencial de mejora, pero permíteme verter un poco de combustible a la predisposición que sé que tienes para, como mínimo, participar en concursos literarios y a, ¿por qué no? SER escritor, en la medida que tu tiempo te lo permita.

    Sólo me queda desearos un magnífico viaje y mejor estancia en Fátima.

    Un cordial saludo.
    Miguel.

    • Miguel, gracias por tus aportaciones. Claro que lo de escribir me va, y claro que me gustaria ser escritor y concursar. Realmente lo soy, de eso no tengo duda, lo que pasa es que no vivo de eso, y a lo mejor eso es lo que diferencia al que escribe del que cobra por escribir. Pero como soy un soñador, yo me veo escribiendo, publicando y hasta ganando un concurso….aunque solo sea por aquello de PENSAR EN GRANDE. Hasta la próxima

  4. Hola de nuevo. Ya te echábamos de menos por estos sitios, pues nos has dejado sin “alegría” durante un tiempo. Seremos indulgentes contigo y no te condenaremos…

    Esta vez no he podido ser el primero en contestarte, ¡el tiempo que nos falta a todos!, y como veo que ya te han dado mucha “azucar” anteriormente, pues vamos a rebajar algo el tono y ser un poco críticos.

    SOY es una muestra de ti, donde nos regalas tu SER y nos regalas tu vocación. Muy bonita y muy bien escrita. Pero… Creo que en tu SOY faltas muchas más cosas. Para muchos de nosotros, tu eres más que un “simple” abogado (dicho esto sin ánimo de ofender a la profesión “de picapleitos”). Desde persona hasta amigo, pasando por hermano mayor (jeje), eres más cosas, en ese SOY falta decir que eres un pilar para muchos y, sobre todo, que eres escritor…

    Sinceramente, esta crítica suave es para que veas que hay algunos que te vemos con una dimensión diferente y que seas abogado es solo circunstancial. Podrías haber escrito este SOY, siendo cualquier cosa, pues lo importante está en el interior. Piensa en esto cuando estés en Fátima y seguro que tendrás otra entrada para el Blog.

    A Yoyo ya la hemos felicitado en persona, pero le reiteramos la felicitación, pues conseguir lo que uno quiere es para ser felicitada.

    Bueno pues un beso muy grande y a seguir escribiendo. De Fátima tiene que venir otra entrada, si no la sugerida antes, algo que se te ocurra en tus “ratos” de autobús….

    • Tu comentario me anima a profundizar y escribir sobre el resto de mi “SOY”, la verdad es que nunca se me habia ocurrido verlo desde esa perspectiva. Te agradezco lo que me dices, que me hace hasta ponerme colorado, lo que pasa que a veces es muy difícil “salirse” de la escena para “verse” desde fuera, pero voy a tratar de hacerlo, pues a lo mejor descubro cosas de mí que todavía no sé……desde luego que uno no para de aprender nunca. En cuanto a Fátima, tan seguro estoy de que algo traeré a este Blog que por eso me he apresurado a escribir esta entrada, por si pronto tengo que volver a escribir. Me llevo todas vuestras intenciones, que las depositaré ante la VIrgen. Gracias, hermano menor.

  5. Hola, Armando! Aquí andamos metiendo ropa en las maletas, más calcetines y calzoncillos, por si acaso, el dalsy y el apiretal, otro jersey, algún paraguas y, por medio, unas cosas y otras. Le voy dando bocados a un trozo de empanada, voy mirando el wasap, miro de reojo la tele donde el Bilbao parece que va a palmar en la uefa y… me he leído tu entrada del blog, que la tenía pendiente y no quería que se me pasara. Ya se me ha adelantado mucha gente en las felicitaciones, así que no buscaré nuevas palabras. Simplemente, felicidades por tu capacidad de describir, de abrirte en canal… de escribir. Tu hermano tiene razón: eres muchas más cosas. Lo que pasa es que, como es lógico y se entiende, en esta necesitabas hablar sobre tu vertiente profesional y los blogueros debemos huir, siempre que sea posible, de la extensión excesiva. Ya habrá tiempo. A cambio has dedicado unas maravillosas líneas a tu maestro, a tu familia y a tu mujer, Yoyo, a la que los que tenemos el placer de conocer, podemos acreditar que el amor no te ha hecho exagerar ni un ápice. Ella es así. Vosotros sois así. Os merecéis mutuamente. Probablemente, por eso os tenéis.
    Enhorabuena una vez más. Seguimos esperando tus entradas.
    Un beso. Nos vemos en el bus.

    • Salva, yo acabo de terminar la maleta, y me preguntaba ¿que nos traeremos de vuelta? La ida va llena de ilusiones y peticiones….la vuelta, como dice mi hermano Luis, tiene que dar por lo menos para un relato. Gracias por tu siempre esperado comentario y por apreciar lo que he escrito, tú que de vocaciones también sabes. Ahora, a dormir. Mañana, a peregrinar.

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