LOS PÁJAROS DE RIOJA

JUSTICIA  Cuando me dispongo a apagar mi ordenador, a cerrar las ventanas, a salir del despacho con la sonrisa que me entra siempre que me voy de vacaciones, con ese placer que nadie como yo siente al apagar la luz y, al poco, abrir los ojos y ver el mar, olerlo, sentir a mi familia, y dejar que el poniente me acaricie, en ese preciso instante me doy cuenta que este año no estoy saliendo por la misma puerta, que este año ya no estoy en la calle donde trabajé durante 27 años, en el barrio de Los Remedios, que este año salgo de mi nuevo despacho, de ese recién estrenado despacho que todavía huele a nuevo, pero que ya es parte de mi. Y muchos recuerdos vienen a mi mente…….

Corría el mes de enero de este año, recién estrenado el 16, cuando en una de nuestras reuniones de despacho, para planificar el año, debatíamos la conveniencia de mudarnos de despacho, de cambiar de aires, de renovarse. Ya habíamos mirado de reojo la posible nueva oficina. Es difícil explicar (y todavía mucha gente lo pregunta) cómo, al menos yo, sentía la necesidad de cambiar de despacho, de mudarnos, cuando teníamos un despacho precioso, en un buen sitio, cómodo, perfectamente decorado y donde se trabajaba muy a gusto (mis recuerdos aquí a Marta Talegón y Pascual Alvarez, anfitriones de nuestra sede de Virgen de la Antigua, nuestra casa todos estos años, todavía la consideramos así; y así nos sentimos, ¿verdad, Puri?). Pero aún siendo difícil de explicar, sólo puedo decir que desde dentro de mí lo consideraba necesario. Fue entonces cuando mi querido JoseMaría, fiel amigo, socio, leal como nadie, sentenció (lo tengo anotado, lo escribo todo en mis agendas): “es hora de cambiar, esto no tiene sangre”. Y se quedó tan pancho.

Y  llevaba razón, mucha razón, esa frase me rondó la cabeza muchos días, muchas noches. Te niegas a reconocer situaciones o sensaciones de tu vida, pero están ahí, hay que afrontarlas. Quizás mi vida en esos momentos estaba inerte, o más bien llevada por la inercia. La vida es reto, la vida exige desafíos y la vida a veces te lleva a cambiar, y si tú no lo haces, es la vida la que te cambia a ti (JoseMaria dixit). Eso que los pedantes llaman “salir de tu zona de confort”.

Habíamos venido a verla antes de Navidad, sin ganas, pero al verla no nos disgustó, que ya es algo. Como el pretendiente detrás de la pretendida, de vez en cuando nos asomábamos a la esquina de Rioja con Tetuán, donde Zara, y la mirábamos de reojo. Yo ya soñaba con ella, pero como un sueño imposible, lejano. En pocos días la nueva oficina en el centro, en la calle Rioja, fue  poniéndose delante de nuestro destino, volvimos a verla, la medimos, nos la imaginamos, se la enseñamos a otros pretendientes, que también la miraron de reojo pero con arrobo. Y a finales de Febrero, como sin darnos cuenta, pero dándonos, y con la ramita de romero que me dieron unas gitanas delante de la plaza de los toros uno de los días que venía de ver la oficina (y de la que todavía conservo una muestra) me vi firmando el contrato. Rioja 5 ya era una realidad, no un sueño. Y cuanto mas realidad era más temor le tenía, más me agobiaba.

La montaña, la cuesta arriba, el reto, el acojone que para mi suponía esta aventura, lejos de emocionarme, me quitaba horas de sueño, me preocupaba, me producía el desasosiego de pensar en el monumental lío en que nos embarcábamos. Le dije a mi gente que yo sólo no podía, que necesitaba ayuda, muchos hombros para soportar esta nueva carga (uno es joven de espíritu pero los años no perdonan y cuando no estas solo en el mundo, y tienes pajarillos en casa esperándote, y cuando todo importa más y uno no quiere arriesgar más de lo prudente, estas decisiones imponen). Desde Febrero la mitad de mi cabeza estaba en Rioja……y el doble de mis preocupaciones. Joder con el cambio. El tiempo pasaba deprisa, nos devoraba, no te daba tiempo ni a mirar atrás, las obras, las idas y venidas, los bancos, los préstamos, las pólizas, los presupuestos, desmontar un despacho, imaginar otro, los contratiempos, el gasto, el desgaste, el socio, el vecino, la firma, ponerte de acuerdo, discrepar, firmar sin que llegase el dinero, confiar en que llegase, en medio trabajar aislándote, la mudanza, la carga, la descarga, los malos ratos, verte sin dinero y gastando lo que todavía no tienes, y vueltas y vueltas a lo que quedaba por hacer, a veces sin mirar lo ya hecho. Y las ilusiones. Y las esperanzas. Y sufrir, y mucho, y dormir poco, y vueltas y vueltas a la cabeza.

Y así, sin darnos cuenta, el 7 de abril, a las 6 de la mañana, llegaba un camión lleno de cosas, cajas, muebles y papeles, muchos papeles, a la calle Rioja, y empezaba a descargar, a descargar 27 años de trabajo, 27 años de ilusiones, 27 años de buenos amigos, de clientes fieles (y no tan fieles), 27 años de piedras en la mochila, 27 años de buenos recuerdos, 27 años de un chavalito que llegó a los Remedios con 24 años, a aprender el Derecho con su maestro Manolo Sánchez del Aguila, que abrió su primer despacho propio un 7 de abril de 2003 (casualidades tiene la vida, que llegásemos aquí el mismo día, 13 años después) y que ahora llegaba a Rioja casado, con dos hijos, con 51 años y con el pelo lleno de canas (ah!, y con varias hipotecas). Entre café y café, y vuelta y vuelta, a las 6 de la tarde los hombres de la mudanza se despidieron, ya todo arriba, y nos quedamos solos….rodeados de cajas.

En ese momento, en la soledad de mi nuevo despacho, con la puerta entornada, sin saber qué hacer, si abrir una caja y sacar papeles, si ponerme a colocar cosas, si ver el correo, sin sitio, sin estar ubicado, sin…..vida, me desfondé. Me vine abajo. Me hundí. Me quedé paralizado. Bloqueado. Se me escapó una lágrima, quizás dos, estaba muy triste, tenía pena. No se el tiempo que pudo pasar, pero todo se detuvo, ni siquiera oía voces, ni siquiera oía al tranquilo JoseMaría, ni a Alvaro abriendo cajas, ni a Guadalupe protestando por algo que no encontraba. Me pesaban los hombros, no podía levantarme, el cuerpo físicamente no me pedía nada, pero ¡ay mi alma!, qué bajón, qué falta de ánimo, qué tristeza. El que me conoce sabe que pocas veces expreso este sentimiento, pero es así como me sentía. No se qué hice el resto de tarde, creo que me fui pronto a casa y al llegar, como siempre, no manifesté nada, me limité a mostrarme como estaba físicamente, cansado. El día siguiente no fue mejor, no se qué me pasaba, pero todas mis ilusiones se habían desvanecido, no aparecían por ningún lado. Esa falta de sangre a la que aludía JoseMaría parece que se me había contagiado, pero al cuerpo entero. A lo mejor es que era yo el que no tenía sangre, quizás mi vida estaba inerte, estaba dormida. Seguí así unos días, no muchos, agobiado pero incluso acostumbrándome a ese estado de ánimo.

Aquel Lunes, decidido ya a normalizarme o a enrutinarme, Yoyo llevó a los niños al cole y yo cogí el metro muy temprano. Llegué a Puerta de Jerez y enfilé la Avenida, el día estaba precioso, luz de abril, cielo azul y frescor mañanero. Hay que reconocer que el centro de Sevilla es muy bonito, pero pasear por él a primera hora de la mañana, recién regado, limpio, oliendo a primavera, recién puestas las calles, antes de que abran las tiendas, y pasar al lado de la Catedral y la Giralda, es sencillamente un regalo para los sentidos. Las campanas sonaron en ese momento (ahora os puedo decir que suenan cada cuarto de hora), y una grata sensación me invadió. Qué belleza de sonido en ese marzo y a esa hora. Llegué al Bufete, la calle Rioja es muy coqueta, estrechita, le entra la luz temprano desde Sierpes. Entré en mi despacho, abrí el balcón, la luz mañanera, tostada, atravesaba como un fino rayo hasta la pared de enfrente a mi mesa. Me senté, y antes de encender el ordenador me puse a repasar la agenda de la semana como cualquier lunes. Se respiraba paz, estaba solo.

De pronto, como si le dieran a un botón, empecé a oir un pájaro, como si me hablara, como si me quisiera decir algo. Se había posado en el balcón que tenía abierto, y parecía que me miraba, o al menos eso creo. Hice el intento de hacerle una foto, pero voló. Al rato empecé a oir otro pájaro, y luego otro, y luego otro, y en menos de diez segundos la calle era un concierto de pájaros cantando sin parar. Qué maravilla. Me asomé, estaban en el cielo pero parecía que recorrían la calle como esos aviones acrobáticos que hacen vuelo rasante. No paraban de cantar, oírlo era un espectáculo. Volví a salir al balcón, los pájaros seguían cantando y la calle se iba llenando de gente que empezaba a llenar el centro, de murmullo, de gente que va y viene. Y los pájaros seguían cantando. Una sensación nueva me inundó, me sentí estupendamente, con ganas de comerme el mundo, en mí había paz, ilusión, esperanza, felicidad y alegría, mucha alegría. Una lágrima se me saltó, o quizás fueron los ojos que se me pusieron húmedos, no lo se, pero entonces me acordé de esa tarde del 7 de abril, recién llegado, cuando me vine abajo. Y comprendí que quizás era necesario haber llegado a ese 7 de abril para alcanzar la felicidad que en este momento sentía. Todo lo que sucede conviene.

Desde entonces, esos pájaros me acompañan todos los días, todos. Son los pájaros de Rioja. Y los tengo conmigo a todas horas y en todos los sitios. La realidad es que esos pájaros siempre han estado ahí. El problema es que yo no los escuchaba. Esa fue mi primera reflexión. También los había en Virgen de la Antigua, pero yo no los oía, o había dejado de escucharlos. O en mi casa, y ahora los oigo. Los pájaros llegaron a mi vida como han ido llegando otras cosas, perdidas por el camino u olvidadas. Porque hay que cambiar para tener una nueva mente y ver las cosas de otra forma. Para tratar de ser el dueño de tu vida, y que no sea la vida la que te cambie. Esa transformación de la que os he hablado, ese cambio de despacho ha entrañado para mi un cambio de mente, un ver las cosas de otra forma, un cambio interior. Ahora entiendo mejor la reflexión de JoseMaria (“esto no tiene sangre”), porque hay muchas veces que el problema es que para que fluya la sangre hay que cambiar, hay que asumir retos, hay que cambiar de acera, hay que sufrir detrás de una meta, por imposible que sea. Hay que perseguir a tus sueños, corretearlos. Y siempre aliarse con la vida, no pelearse con ella.

Ese día, o al siguiente, cayó en mis manos una preciosa reflexión de la Madre teresa, que dice así:

“no puedes esperar que todo llegue a tus manos sin hacer un poco de esfuerzo, que la vida llame a tu puerta y no seas capaz de levantarte para recibirla; no puedes simplemente recibir y no corresponder del mismo modo”

Poco hay que añadir, sólo el famoso “a Dios rogando y con el mazo dando”, aunque me quedo con la idea de que, cuando la vida llame a tu puerta, tienes que ser capaz de levantarte para recibirla.

Desde entonces, la calle Rioja se ha llenado de pájaros, muchos pájaros han entrado en mi vida. Tengo a un pájaro muy madrugador que da los buenos días a España desde el balcón de enfrente, Carlos Herrera, y que muchas mañanas se ha quejado, y con razón, del ruido y el por saco que le han dado los albañiles durante nuestra obra (lo sentimos, Carlos), y que muchos días asoma su micrófono por esa ventana para que simplemente España escuche llover en Sevilla. El también alegra esta calle. Y cuando acaba el programa va con su inseparable Naranjo al Pica, un bar cercano, a tomar una cerveza, pequeño bar donde los pájaros y las palomas entran a picotear (nunca mejor dicho) y se mezclan con la clientela. Son los pájaros de Rioja, que me siguen.

También entraron al poco tiempo dos preciosos pájaros, las letras A & R, para pegarse a nuestra fachada en forma de logo, por fin una “placa” en la puerta, ya era hora después de 27 años.

Otro día entraron por la puerta los pájaros que más quiero, mi familia (padres, hermanos, Yoyo y los niños), una bonita mañana de Sábado vinieron todos a conocer el despacho y a ver la “placa”, la satisfacción de estar todos juntos no tiene precio, sin duda unos pájaros que no pueden faltar.

Y al ladito, muy cerquita, están los pájaros del Santo Angel, los que no pueden faltar, a los que hay que oir siempre. Y tampoco me olvido de esos otros pájaros que se nos han ido este año, los sigo oyendo.

Y también entró, un lunes también, el último pájaro, el que faltaba, el que siempre querré oir cantar a mi lado: mi mujer. Y entró en forma de cuadro de un pájaro muy querido en mi familia, culpable de muchas cosas que ya son parte de nuestra vida, Carlos Ayala. El entró en nuestra vidas en el mejor momento, entonces fui yo el que entré en forma de cuadro en la pedida de Yoyo, esa maternidad que preside nuestras vidas. Luego los toreros, y el angelito (premonitorio, un ángel rubio, y rubio nació nuestro primer hijo). Y ahora, ese lunes bien temprano, la sorpresa de encontrarme un cuadro anhelado, querido y no esperado, pero oportuno, y que detrás tiene una historia que sólo quien lo encargó, el pintor (a medias) y yo conocemos, y que en nuestro interior se queda. Y una generosidad que no se puede describir: la generosidad del amor.

He querido expresar con esta entrada lo que ha supuesto para mi, y en mi vida, el cambio de despacho. Y que ha sido mucho. Desde que empecé a oir los pájaros de Rioja creo que soy otro, he descargado piedras de mi mochila, he cerrado puertas que hace tiempo debía haber cerrado, he abierto nuevas puertas, he saldado cuentas pendientes, he tendido puentes para recomponer alguna amistad perdida, sino rota, tengo más ilusión que nunca por muchas cosas y he aprendido a oir muchos sonidos que hacía tiempo que no oía. He aprendido que hay que cambiar para mejorar y para ver las cosas de otra manera, que solo con cambiar de acera ya se ve el paisaje de manera distinta (una mañana, de camino al despacho por la Avenida, cambié de acera porque me daba el sol y ¡oh!, milagro, vi un amino distinto, totalmente distinto, al que traía todos los días). Y que los pájaros de Rioja siempre están ahí, siempre estaban ahí, lo que pasa es que yo no los oía. Y ese cuadro, tal como ha llegado y cuando ha llegado, con lo que encierra (no es la Justicia, es la Generosidad), culmina ese cambio y me reafirma en que era necesario, pues también me he vuelto a dar cuenta que tengo a mi lado a la mejor del mundo, que es mi mujer: nunca sabrás lo mucho que te quiero.

Mi felicidad ha sido total, oir a los pájaros de Rioja ha cambiado mi vida, me sigo emocionando al oírlos, pero no lloro.

Porque yo no lloro con lágrimas, yo lloro escribiendo.

Feliz verano a todos, y no dejéis de buscar el sonido de los pájaros, los de Rioja o los de vuestra calle. En Septiembre volveré con la crónica del verano (cuando llegan los Terrier, empieza el verano oficialmente en Sotogrande), los querientes y otras muchas historias, pensamientos y reflexiones.

10 pensamientos en “LOS PÁJAROS DE RIOJA

  1. Armando, que decirte? Con lo bien que escribes y te expresas casi me da un poco de “cosa”.
    Enhorabuena por tu post y por tu nuevo despacho que tuve la suerte de conocer, y ya sabes que te deseo todo lo mejor en esta tu nueva andadura que sin duda estará plagada de éxitos.
    Besos mil!

    P.D.: Dime a que bar van Herrera y Naranjo, que la próxima vez que vaya a Sevilla me pasaré por allí como quién no quiere la cosa.

  2. Emocionado leo esta peripecia tuya y estando a pocos metros de mi casa,estoy deseando ir a visitarte y desearte todo lo mejor en esta andadura, que con tanta ilusion y sacrificio,comienzas…….Hasta entonces recibe mi ,como siempre,mas cariñoso saludo y el deseo de que este verano, te sea propicio y fecundo en afectos y buenos ratos.
    .

  3. Estimado amigo Armando te vuelvo a repetir que eres un Crack en esto de “llegar”con tanta facilidad de narrativa al lector.
    Estoy orgulloso de ser amigo y vecino de un tipo que expresa sus sentimientos con tanta sinceridad . Enhorabuena Crack.
    Y el Despacho es una preciosidad donde te auguro muchos exitos.
    Solo un pero …vas a estar muy vigilado por Yoyo.. Ja.ja.ja ( es broma por supuesto).
    Un fuerte abrazo.
    Jose Luis Muñoz

  4. Muy bonito!! Me alegra que esos pajaritos en forma de logotipo se queden en la fachada de tu bufete…
    Un abrazo!!

  5. 100 % contigo Armando.
    Que te cuento ? Soledad y miedo. Alegría y orgullo.
    Saludos desde allende Despeñaperros.
    Piru.

  6. Muy buena entrada, ¡como siempre!
    Permiteme que haga algo que no he hecho nunca, y es darte otra perspectiva de una parte de tu historia, descrita por “un pájaro” desde otro balcón.
    A pocos metros de esa calle, recuerdo una tarde de sábado lluviosa, en Enero, sentados con un café y una copa, cuando me enseñaste los planos en el móvil y me contaste cómo iba el posible cambio de despacho, que ya me habías anunciado antes. Era la primera vez que se te veía tan lanzado, aunque no era la primera vez que me planteabas un posible cambio de despacho… Creo, que como siempre, te dije que lo hicieras, pues , y ahora te lo puedo decir, se veía muy claro que tu cabeza se había mudado hacía tiempo, pero aún no había llegado el camión para los muebles. O quizás no habías encontrado el lugar ideal donde escuchar esos nuevos pájaros. Pero esa si era la definitiva, pues tu discurso completo era otro. Creo que ese día ya habías escuchado a ese pájaro, aunque quizás no reconocieras su cántico.
    Tras tantos años detrás de un sueño, llegar a él, es lógico que te desfonde, que te deje sin energia y que te produzca vértigo, mucho vértigo….y que te hunda en un pequeño pozo, del que solo un ave fénix, otro pájaro, puede salir.

    Mí más sincera enhorabuena por el cambio de despacho y por qué tengas tantos pájaros que se hayan colado en tu vida, muchos ya estaban, pero sobre todo porque hayas sabido escucharte a ti y que nada ni nadie te haya impedido poder cumplir tu sueño, ni escuchar los pájaros de Rioja.
    Desde ese otro balcón, este “pájaro” vuelve a volar como simple seguidor de tu blog, con la esperanza de ver otra entrada pronto.

  7. Me ha encantado empezar el día leyendo esta reflexión tan personal y sentido….porque me ha llegado hasta emocionar, !que fuerza interior tiene!…y que bien escrita. Me alegro muchísimo de que hayas sabido encontrar esos pájaros tan bonitos y necesarios….y por demostrarme que querer es poder.
    Hace ya unos años que nos conocemos y que gracias a nuestros hijos, me han permitido disfrutar de la amistad tuya y de ese pedazo de mujer que te acompaña.
    Mi enhorabuena por este relato, que disfrutes de esas vacaciones tan merecidas…nos vemos a la vuelta, para escuchar a esos Pájaros de Rioja, con un café o una cerveza bien fría.

    Un fuerte abrazo de tú amigo Nono

  8. Querido Armando,
    Como a pesada no me gana nadie… ¡Sabías las ganas que tenía de volver a leerte! Y has vuelto por la puerta grande (valga el simil taurino). Me ha encantado… Escribes tan bien que no sólo te he leído… Sobre todo TE HE VISTO: te he visto en tus preocupaciones, llegando por el centro a tu nuevo despacho, y, ante todo, te he visto cambiar y ser valiente. ¡Enhorabuena! Como dices hay que animarse a cambiar para descubrir cosas nuevas, para ver las cosas desde otra perspectiva… Soy fiel seguidora de esa “corriente”.
    También te doy las gracias por compartir tus sentimientos con los que te leemos. Sentimientos comunes pero que a la mayoría nos cuesta expresar y compartir. Un enorme gracias por ello, para mi es reconfortante.
    ¡No tardes en escribir! ¡Estaré esperándolo! ¡DISFRUTAD MUCHO de estas merecidísimas vacaciones! Un abrazo a ti, a los peques y a mi querida Yoyito.

  9. He leido hoy tu texto, que me ha trasladado Jose Luis.
    Me parce exquisito por la forma en que expresas tu realidad y los cambios que han acontecido en tuvida y que te han motivado este relato. Pero mas importante aun los sentimientos que reflejas como ser humano en donde el coraje, el agradecimiento, la amistad, las gracias a la vida, pero sobre todo el amor forman parte de tu vida, valores ultimamente tan denostados por una sociedad un tanto hedonista e indolente.
    Enhorabuena vecino.

  10. Hola amore! Aunque entro aquí tarde, ya te comenté mi primera impresión en vivo y en directo.
    Preciosa entrada! Ya te echábamos mucho de menos..
    Los cambios son necesarios, siempre lo digo. Hay que reilusionarse y huir de lo cotidiano en nuestras vidas y claro, podamos cambiar. Es necesario embalar y aparcar, y envolver y desenvolver, como si se tratase de un nuevo regalo, aunque el contenido sea el mismo con otros matices,y otros puntos de vista que ayudan a crecer y evolucionar!
    Encantada estoy de ser tu vecina profesional, no sé tú? Ja,ja,ja! Y poder tomar una cerveza contigo en El Pica rodeada de pájaros y de los que quieran acompañarnos.
    Gracias por tus palabras! Te quiero!!

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