La comunión

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ULTIMA HORA: DIOS HA ESTADO EN EL ST. MARY´S

Suelo tener siempre a mano agendas de hojas en blanco, las famosas Moleskine, de varios colores, donde apunto pensamientos, reflexiones, ideas, frases que me llegan, resúmenes de reuniones, objetivos y recordatorios. A veces, con sólo apuntar una simple idea, o dos palabras, ya me basta para poder desarrollar posteriormente un pensamiento o una reflexión. Ayer ocurrió algo importante y al llegar al despacho apunté una frase, que es el título de la historia que os voy a contar: DIOS HA ESTADO EN EL ST. MARY´S. Lo dejé apuntado, me puse a trabajar, y ahora que tengo un poco de paz para escribir voy a contároslo:

Ayer estábamos citados en el Colegio de mi hijo Armando (perdón, nuestro hijo, ya indiqué una vez que los hijos siempre son de dos) todos los padres y padrinos para renovar las promesas del bautismo, pues este año (Dm) hará la Comunión. La tarde era desapacible, fea, y a las 15:30 hacíamos cola de manera un tanto cansina los padres, para entrar al salón de actos del colegio, comentando los avatares lógicos de un día de trabajo, algunos con caras de cansados y otros preguntando que cuánto duraba el acto.

Reconozco que, al entrar, lo hice en “otro” salón de actos distinto al que habitualmente acudimos para los teatros y actos solemnes del colegio: allí estaban, en primera fila, nuestros hijos, muy elegantes con su uniforme y sus corbatas, con caras contentas e ilusionadas; sus profesoras y las seños Manoli y Almudena, encargadas de pastoral y catequesis, también ilusionadas (la cara lo dice todo). Y un sencillo altar con la Virgen, unas flores y un cirio. Y un cura. Y vestido de cura.

El acto empezó con las palabras de bienvenida de la seño Almudena y del cura, que una vez presentado, y desde ahora, ya será para todos Don Raúl (encantado de conocerle).

A partir de ahí, todo fue cambiando poco a poco, lentamente, a medida que hablaba Don Raúl, y nos rociaba con el agua que nos limpia y purifica (qué sería de nuestra religión sin los símbolos…). El murmullo que habitualmente envuelve los actos que se celebran en ese escenario desapareció, y se hizo un silencio especial, del que te permite oír sólo al que habla y a tu propia respiración. Jamás vi tanta atención, incluso los teléfonos y cámaras que inmortalizan todos esos momentos desaparecieron. Algo había en el ambiente que nos unía a todos y que nos hacía sentirnos muy próximos, al compartir una misma vivencia, y que nos hacía estar en una unión permanente con nuestros propios hijos, como si estuvieran a nuestro lado.

No sé ahora por qué orden, pero los niños cantaron, con esas voces de inocencia que solo se tienen cuando se es niño, y hubo unas palabras dedicadas a ellos, y a esa bendita inocencia, y a las madres (Don Raúl, en el fondo sé también que iban dedicadas a nosotros, los padres, aunque se concentrara en ellas), intercaladas con el tostador que está detrás de las tostadas, o con ese tío de algún niño que siempre aparecía en las respuestas que de manera espontánea se produjeron, en un ameno y sobre todo sincero diálogo entre Don Raúl y nuestros hijos. Y también unas palabras dedicadas a la reafirmación de las promesas del bautismo, que ahora ya hacían nuestros hijos por sí mismos, y la contundente alusión a Jesús, y a su relación con los niños, y a su presencia en los Sacramentos, ilustrada con la entrañable estampa de la madre que en el paritorio abraza y besa por primera vez a su hijo, con el padre al lado. Y nuevamente los símbolos: el fuego, la luz de la fe, el cirio bautismal y el entrañable abrazo a D. Raúl, el abrazo de Jesús a los niños….

Fue entonces, en uno de aquellos momentos que he relatado deslavazadamente y sin orden, al reflexionar sobre todas esas cosas y ver el perfil de mi hijo, ya a punto de hacer la primera comunión y dar los primeros pasos hacia una infancia madura, cuando se me hizo un nudo en la garganta y me emocioné. Busqué la mirada de mi mujer, y ya con sólo ver el rabillo de sus ojos adiviné que estaba en igual trance que yo. Y entonces me di cuenta que en todo el salón de actos había muchos ojos vidriosos y miradas brillantes, y ví a nuestros hijos, con sus caras alegres e ilusionadas, atentos a Don Raúl y a la vez orgullosos de protagonizar por primera vez en ese salón de actos algo que no es un teatro, sino un acto real, de fe y de vida. Y ví a muchas madres llorar.

Tragué saliva, respiré hondo, y sin poder precisar en qué momento, contemplé una estampa, que siempre recordaré: en todas las miradas había un brillo especial; las caras de todos, pero sobre todo de las madres, afloraban una luz que no tenían cuando nos vimos en la cola, antes de entrar; era como si las hubieran maquillado de repente; irradiaban felicidad, amor y ternura, esa es mi definición y no encuentro otra. Los padres, abuelos, padrinos y demás familia también, había una como una chispa de luz en sus expresiones. El cansancio que teñía nuestras caras en la cola previa había desparecido. Ya no había grises y todas las caras estaban iluminadas. Suelo ir al colegio y a los actos que se organizan, y me cruzo a diario con los padres, madres y profesoras, y confieso que jamás había visto en sus rostros una expresión tan tierna, sincera y radiante. Era como si en ese salón de actos se estuviera escenificando, sin ensayo alguno, el guión que Don Raúl nos había contado del amor de los padres a los hijos.

Y en aquél momento tan especial para todos supe que Dios estaba allí, en medio de todos, que Dios había venido al Colegio Santa María y que, como dijo D. Raúl, “basta que dos de vosotros se reúnan y recen para que Dios esté allí, en medio de ellos”. Y el salón de actos dejó de ser un teatro, y se convirtió en Catedral.

Y ese momento en que sin tocarnos, sin hablarnos, pero sintiéndonos tan cerca unos de otros, como si estuviéramos “fundidos” a nuestros hijos, parejas, y familias, y sintiendo nuestro espíritu inundado de la luz de la fe, ese momento es la COMÚN UNIÓN, en definitiva, la Comunión.

Y Dios estaba allí porque a Dios le gusta estar donde hay niños, como nuestros hijos, buenos sentimientos, buena gente, buen corazón, fe y esperanza.  Por eso Dios huye de lo malo, del odio, de las peleas, de las guerras y del mal. Por ahí prefiere ni aparecer.

Por un momento ayer el tiempo se paró, y los relojes dejaron de hacer tic tac para escuchar a nuestros corazones latir, y una enorme fuerza nos inundó y nos hizo sentirnos fuertes, protegidos y dichosos, la fuerza de la fe y la demostración de que Dios existe.

Ayer no hizo ni siquiera falta recibir materialmente la comunión, pues ayer todos estuvimos en común unión con Dios. Ese es el sentido de la comunión. El día 24 de mayo, si Dios lo quiere, nuestros hijos harán la primera comunión y comulgarán, pero ayer ya tuvieron la suerte de tener a Dios entre ellos y de aprender y sentir la común unión con Él y su fuerza.

Al salir del colegio, una enorme nube negra se situaba sobre el mismo, casi lo aplastaba. Me fijé un rato en ella y pude ver que no era tan negra, y que brillaba como un arbolito de navidad: dentro de ella también se habían iluminado otros rostros, y chispeaban los ojos de los abuelos, padres, hermanos y demás familiares que ya no están con nosotros, pero que ayer participaron de la común unión con todos.

11 pensamientos en “La comunión

  1. Hola Armando! Esta claro que yo soy de lágrima fácil, y ayer entraba en el grupo de las mamás de ojos brillantes… Pero es que al leer tu blog de nuevo tengo un nudo en la garganta…
    Enhorabuena por tu blog, lo seguiré fielmente!

  2. Armando !!!!! Pedazo de escritor !!!!! Con sensibilidad !!!!!!! tienes un don especial !!!!! Sigue escribiendo pero no sólo en el blog, escribe un libro en el que enseñes a valorar las cosas sencillas.
    Me ha gustado mucho . Un Bs. Marta

  3. Armando has narrado exactamente lo que yo quisiera que fuese el día de la comunión de nuestros hijos. Ojalá seamos capaces de prescindir de lo superfluo, de lo material y centrarnos en lo que realmente importa. Vestidos, agapes, regalos …cuidemos las formas para no trasmitir a nuestros hijos que lo que nos preocupa de ese día son estas cuestiones. Me han encantado tus reflexiones Armando

  4. Querido Armando:
    Preciosa tu manera de plasmar lo que sentiste en la tarde de ayer. Esta tan bien descrito el ambiente del que disfrutasteis, que es posible hasta recrear el espacio físico donde todo ocurrió. Pero discrepo de un párrafo, aquel en el que dices que Dios huye del mal, del odio, de las guerras…yo creo que Dios, el Dios que a mi me gustaría que realmente existiera, tiene que estar sobretodo en esas situaciones, Dios no puede huir. Nosotros somos los que huimos de lo feo, de lo desagradable, de lo inconveniente. El Dios que yo busco, debe estar mucho más presente en lo malo, es más necesario en Siria que en el St Marys, aunque sea más fácil sentirlo aquí, me niego a pensar que no esté con aquellos otros niños que sólo por haber nacido en otra parte del mundo, no tienen el abrazo del que los nuestros disfrutan.
    Un beso

    • Totalmente de acuerdo, Rosa, y gracias por tus palabras, pero solo quiero aclarar que cuando digo huir quiero decir que Dios no quiere ni guerras ni odios, no que huya de esas situaciones, ya sabemos todos que Dios está siempre con los más débiles. Particularmente pienso que Dios está mucho más pendiente de los niños de Siria que de los nuestos, eso es seguro, y que su abrazo a ellos es infinitamente mayor, no tengo duda alguna.

  5. Hola Armando:
    Es la segunda vez que tengo la oportunidad de leer en tu blog, enhorabuena, es precioso lo que cuentas y como lo cuentas, te hace sentir como sí estuvieras presenciando todo aquello que nos narras con detalle y precisión.
    Para mi ha sido un privilegio.
    Un abrazo
    Maribel

  6. Hola Armando. Una vez mas conquistas con tus palabras el corazon y sentimiento de este humilde lector. Reflejas sensaciones y escenificas momentos tan especiales q es facil estar ahi y sentir lo q cuentas. Felicidades y gracias por permitirme ser lector de todo lo q tan maravillosamente nos relatas. Un abrazo

  7. Enhorabuena, una vez más, por tu nueva entrada. El otro día la leí de forma algo apresurada en el teléfono (las ganas me pudieron) y tenía pendiente una segunda lectura con la pausa que se merece. Comparto la emoción de los otros amigos que han comentado y comparto tu gusto por ir a la esencia de las cosas, al espíritu, a lo que importa, como en ese caso de la renovación de votos de cara a la primera comunión de nuestros hijos. Uno de esos días grandes en esa “segunda vida” que vivimos en las vidas de nuestros hijos. Dios ha estado en el cole y sabemos que está en nuestras vidas. A destacar, el emotivo y cariñoso abrazo con el que el padre Raúl simbolizó el abrazo de bienvenida de Dios a nuestros hijos. Y las ganas con que los pequeños se echaban en los brazos del sacerdote. En fin, una vivencia más juntos. ¡Y que sean muchas más!
    Un fuerte abrazo.

  8. Que bonito que la comunión de vuestros hijos traiga estos momentos tan especiales y no sólo consumo. Me alegro. Os felicito por esos niños que son un regalo de Dios

  9. Hola Armando y Enhorabuena por el don que tienes para transmitir sentimientos y hacer sentir al lector las ganas de no parar la lectura de tus textos.
    Hoy ha sido la primera vez que entro en tu blog y he pasado la tarde leyendote.

    • Muchas gracias Rosario, me ilusiona mucho que os adentréis en estas páginas. Escribo porque disfruto haciéndolo, y sobre todo porque me reconforta recibir el premio de que a alguien le guste lo que lee aquí. Siempre hay mucho que contar, aunque falte tiempo, pero vuestros comentarios me dan animo para seguir haciéndolo. Gracias de nuevo

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